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Mostrando entradas de mayo, 2011

Con María, multiplicando migas

Es una tarde como tantas. Mientras marco los precios de las prendas, en la tienda donde trabajo, mi corazón se pone triste. Recuerdo que un amigo me ha pedido que escribiese una meditación acerca de la multiplicación de los panes. .. La idea es hermosa pero… no tengo tiempo. ¿En qué momento me podría a meditar para escribir? … Y mi corazón te busca, Madre querida, para pedirte disculpas. Mientras las prendas corren monótonasentre mis manos, mi corazón se acerca al Tuyo sin hacer ruido, para que nadie lo note…. -Madre, perdón por fallarte, perdón por haber defraudado tus esperanzas. Quizás tú querías esa meditación escrita y por ello mi amigo me la pidió… pero Madre, tú ves mis tiempos, todo el día corriendo entre trabajo, familia, casa y obligaciones…. Tu silencio hace mi pena aun más honda… - Ay Madre, dime algo, por caridad… Estiras tu mano, que se mezcla entre las ropas de la tienda, y me pides que te siga sin preguntas, como debe seguirte un corazón devoto, para hallar más respuestas d…

María, el sicomoro perfecto

Hace varios domingos, se ha leído en la parroquia, el pasaje bíblico de Zaqueo (Lc 19, 1-10). Un hombre pecador, trepado a un árbol, para ver a Jesús. Recuerdo que a la salida de Misa, vuelvo a casa sin poder dejar de pensar en la figura de Zaqueo y su sicomoro… Algo quieres decirme, Madrecita, pero yo no entiendo… Como nunca había visto yo un sicomoro, busco una foto, una descripción. Cuán grande es mi sorpresa, María, al descubrir que de ese árbol se dice que es “fácil de trepar y su madera es incorruptible”…. Es enorme la alegría de mi corazón, pues te descubro a ti, Madre, en lugar del sicomoro, extendiendo tus brazos, fáciles de alcanzar para quien te busca, y tu Corazón, infinitamente más incorruptible que la madera del sicomoro, tu Corazón eterno…. Pero mi alegría primera se va poniendo gris, pues pasan los días y no hallo un momento para poner en papel mi sencillo descubrimiento… Y me quejo, María…. me quejo…y mi queja continúa esta mañana, al salir del trabajo….”Si pudiese escri…

María y la fe de una mama

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti… en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija… Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo…. Pero no te entiendo… Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco Madre querida… te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez…. De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos… Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús…me haces señas de que tome tu mano. ¡Que alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!!¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!! Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la …

María y una habitacion cerrada

Estamos en Cuaresma. Para sacar de ella los mejores frutos he de recorrer un camino difícil, quizás el más difícil… y el más postergado. Un camino hacia mi corazón. Para conocerlo, para quitar de él todo el peso inútil e innecesario que le ha dejado el pecado. El peso del rencor, de la envidia, de la soberbia y tantos otros lastres que hacen lento y cansado su caminar. Y el comienzo de ese recorrido me lo muestra tu Hijo, Madre querida, en la lectura del Evangelio. Pero como este corazón ve a medias, María, necesito me enseñes a descubrir esa puerta que conduce al camino que el Maestro me señala… Y te llegas a mi alma y te pones junto a mí en la fila que estoy haciendo por un trámite de la oficina. - Dime, hija -me susurras al alma para que este encuentro sea tan solo nuestro, aun en medio de tanta gente. - Explícame Señora como puedo poner en práctica las palabras del Maestro: “Tu en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; …