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Mostrando entradas de 2018

Esperando en el Sagrario

Por qué lloras, alma mía,
pequeños sueños de barro,
si tienes sueños eternos
esperando en el Sagrario.

Por qué sufres, alma mía,
por tus pies cansados,
si hay alivios eternos
esperando en el Sagrario.

Por qué buscas, alma mía,
destinos tan desolados,
si la eternidad está
esperando en el Sagrario

Por qué ansías, alma mía,
calmar tu sed en un charco,
si hay manantiales de agua viva
esperando en el Sagrario.

Pide la gracia, alma mía,
de amar siempre al Amado,
que por tu amor se ha quedado
esperando en el Sagrario.

Y llegarás hasta el Cielo
aun con tus pies de barro,
pues tus alas están
esperando en el Sagrario.

Autora: María Susana Ratero susanaratero@gmail.com

Con María, en la decimosexta estación de la Pasión

Asistir a Misa es, para mi corazón, como asomarme un ratito al Cielo…   Todo lo terrenal y temporal se queda a la espera en la puerta del Templo…    Nada es más importante, nada puede serlo….    Esto no significa que se sumerja mi corazón en una amnesia estéril y egoísta. Llevo al altar “los gozos y las fatigas de cada día”, pongo, en la colecta, no sólo la limosna, sino también todo lo que soy, lo que tengo y a todos los que amo… Aquellos que se han encomendado a mis oraciones, están en mi súplicas y no ceso de pedir, para mí y para tantos, “las gracias que necesitamos y las virtudes que nos faltan”  al decir de la Beata Madre Tránsito Cabanillas…    Ese dejar afuera lo terrenal, es pedir la gracia de concentrar toda mi atención en cada instante de la Santa Misa. No distraerme con detalles externos, ni conversar con la señora que se sienta junto a mí en el banco, como si estuviera esperando que inicie la película en el cine.     Jesús está allí, en el Sagrario, todo lo demás puede esper…

María Santísima, el Beato Cura Brochero y unas cumbres muy altas…

(Este relato lo escribí mucho antes del anuncio de la Canonización del Cura Brochero)
Por gracia de Dios estoy transitando el camino de las Altas Cumbres, en Córdoba, Argentina, rumbo al lugar donde ejerció su ministerio el Beato José Gabriel del Rosario  Brochero… el “cura Brochero” para los lugareños…    Voy en auto, y los kilómetros pasan rápido. Mi alma, extasiada ante la belleza del paisaje, quiere irse a los días en que el viejo cura recorría estas montañas, metro a metro, a lomo de mula, sólo por un alma…    De pronto se divisan, en un camino angosto que serpentea los cerros, un par de vaqueanos del lugar, a caballo.    Y te pido me asistas, querida Madre para sacar fruto espiritual de este viaje, para no quedarme ni en el relato histórico ni en la letanía de pedidos, suplicando la intercesión del Beato, de la cual no dudo, pero sé que hay más, mucho más.    - Piensa, hija- y te vienes a mi alma, como eco seguro de mis Avemarías- Tan altas y escarpadas cumbres, tan agrestes paisajes…