lunes, 4 de julio de 2011

Anuncios dolorosos

   El bullicio que rodea la Navidad ha cesado, se han desarmado y guardado, prolijamente, coloridos arbolitos y pintorescos pesebres... esperando, quizás, que en la próxima Navidad “las cosas mejoren”, como si el mero paso del tiempo fuese garantía de mejoría...
   - La Noche Buena ¿Se fue así de rápido de tu corazón, María Santísima?
   - Jamás se fue, amiga mía, al contrario… quedaron grabados en mi alma todos los perfumes, los sonidos, cada respiración de mi pequeño, los húmedos ojos de José al tomarle en sus brazos, los destellos de luz que las estrellas me regalaban…
   - ¿Las estrellas, Señora?
   - Las había visto un rato antes de dar a luz… resplandecían, amiga, resplandecían. Esa noche, ese cielo, volvían a mi alma cada vez que el dolor, implacable, me recordaba que los caminos de la salvación tienen más espinas que rosas.
   - ¿Cuándo fue que la recordaste por primera vez? Digo, como aferrándote, como buscando respuestas.
   - Pues… al poco tiempo de nacer Jesús, precisamente a los cuarenta días, cuando debimos realizar la presentación en el Templo.
   - Cuéntame, Señora, cuéntame…
   - No, mejor acompáñame, el alma tiene ciertos secretos que las palabras aún no han aprendido a expresar.
   Y nos vamos juntas a Belén…
   El pequeño Jesús ha aumentado más de un Kg. de peso desde su nacimiento, se ve rozagante, hermoso, con tranquilo sueño y acompasada respiración…
   - ¡Benditos pechos que amamantaron la salvación del mundo! Pues no fue fácil para ti, María la lactancia del pequeño, ¿verdad?
   - Por cierto, mi madre estaba lejos y no tenía amigas que me aconsejasen, pero recordaba todas las recomendaciones que me había dado mi prima Isabel acerca de las cosas que debe saber una mamá en tales circunstancias…¿Sabes amiga? Muchas veces veo que las mamás tienen dificultades en este tema, ¡Me gustaría tanto poder ayudarlas! Decirles que me recuerden, que las comprendo, que pasé por lo mismo, que es posible una lactancia exitosa, que es hermosa la estrechísima relación que se crea con el hijo, mirándose ambos a los ojos con esa mirada que encierra todas las palabras del mundo…
   Te dejo acunando y alimentando a tu niño y me voy a acostar. Es tarde, al rato lo hacen tú y José luego de ordenar todas sus pertenencias, pues es tiempo de volver a Nazaret, a casa. Pero antes viajarán a Jerusalén para realizar la presentación de Jesús en el Templo y, al mismo tiempo, purificar a María, ya que han transcurridos los cuarenta días del nacimiento del hijo varón, según la ley de Moisés, “...Todo varón primogénito será consagrado al Señor”( Lc 2,23).
      Belén esta cerca de Jerusalén. Salimos antes de que amanezca, para llegar a destino pasado el mediodía. El trayecto es bastante tranquilo, los padres están felices por la ceremonia que van a protagonizar. Recuerdo el día del bautismo de mis hijos, sí, sé lo que siente tu corazón, Madre querida…
    Jerusalén se dibuja en el horizonte. Llegamos a la casa de unos parientes de José, donde la Sagrada Familia descansa un poco de tan arduo trayecto, y se visten con la indumentaria apropiada para presentarse en el Templo.
   Caminamos entre la gente. Ellos son unos más entre la multitud, nada los diferencia. María no hace ningún gesto que hiciese pensar a las gentes que cargaba en sus brazos al Mesías. ¡Qué obediencia de amor!¡Qué increíble silencio!... Subimos las escalinatas del Templo. Todo hace pensar que se tratará de una ceremonia más, de un recién nacido más…pues varios niños serán presentados este día. Simeón está allí. Ha salido del recinto. Tiene la mirada iluminada. Como si el viejo anuncio del Espíritu de que no moriría sin ver la salvación de Israel, acabara de hacerse. Bueno, en realidad, ese es uno de los detalles de ese tipo de anuncios, a quienes el tiempo no afecta ni en su frescura, ni en su nitidez, ni en la impresión que deja en el alma que lo recibe.

   José y María han subido el último de los escalones, cuando son vistos por el anciano.
   Se acerca lentamente a los padres, como quien emprende su último y más importante trayecto… sus ojos están llenos de lágrimas… la pareja entra al recinto, el hombre los sigue…¡Cuántas cosas pasan en este instante por su mente y por su corazón! ¡Tantos años de espera! El anciano había imaginado este momento de mil maneras. Ver llegar a los padres en fastuosos carruajes, o con custodias quizás, los imaginó vestidos con las más diversas indumentarias, había pensado que los reconocería por los signos exteriores que el mundo valora. Nada de eso ha ocurrido, el Mesías ha llegado ante él en brazos de una mamá-niña-virgen que le sostiene con seguridad. Una mamita de rostro sencillo y mirada de luz, una mamita de ropas humildes y manos como pimpollos de rosa… ¡Y el padre! No es ni un rey, ni un noble, ni un rico hombre, ni un profeta, ni nada que sobresaliese… es un simple trabajador, sus manos callosas certificaban que el Mesías sería alimentado con el sudor de su frente. Nada espectacular, nada ostentoso rodea a este pequeño por cuya visión él se mantenía con vida, sin embargo, hay algo que no podría él explicar. El sol brilla de una manera especial, un extraño perfume inunda el aire, es de esos días en los que uno siente que todo está perfecto y en su sitio, esos instantes que no deberían transcurrir. Sí, Simeón ya no tiene dudas, se acerca a la pareja, los saluda con reverencia y dice a María:
   - ¿Me permite usted cargar su niño un momento, Señora?
   - Pues… claro- y María no entiende por qué ese anciano le ha pedido a su pequeño… quizás, le recordase a sus hijos o a sus nietos…
   El anciano toma al pequeño, lo besa varias veces en la frente, lo mira como extasiado, mientras las lágrimas no cesan de brotar de los cansados ojos. Luego, con todas las fuerzas de su voz y con todo el amor que hay en su alma, levantando al niño con exquisito cuidado dice a toda la humanidad:
   - “Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo, Israel” (Lc 2,29-32).
   El hombre aprieta por última vez al niño contra su pecho y lo devuelve a su madre, quien, junto con su esposo, está admirada por lo que el anciano ha dicho.
   Simeón bendice al santo matrimonio, es la última bendición que hace en su vida y es hecha desde lo más profundo del alma. Y a la madre le dice:
   - “Este niño será causa de caída y elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos” (Lc 2,34-35).
   El anciano mira a María un momento a los ojos con infinita ternura, hace luego una reverencia y parte para siempre…
   José tiene los ojos enrojecidos, María, que guarda todas estas cosas en su corazón, le toma la mano fuerte, muy fuerte, pues son demasiados acontecimientos juntos…     Te miro, María, pues no entiendo la reacción de José… me dices, entonces, serenamente:
   - En este instante, tal como me lo explicaría él mismo después, mi esposo comprendió que no serían muchos los años en que estaría con nosotros, sobre todo, que en el momento de la realización de la misión de Jesús en este mundo, yo no lo tendría a mi lado, que grandes dolores debería soportar mi corazón y estaría sola. Para José, Simeón significó al anuncio de su propia y cercana muerte, pero, con la misma disposición de ánimo que aceptaba todas las cosas de su vida, aceptó este anuncio. Su dolor no era por él sino por nosotros, por dejarnos… ahora sé, con absoluta certeza, que nunca nos dejó,  que estuvo conmigo en cada alegría y en cada dolor, que fue su amor el que me sostuvo de pie al lado de la cruz… pero aún falta para eso, aún debe entrar Ana, la profetisa…
   Callo, María tiene razón, debo conocer los acontecimientos de a uno, para darle a todos su justa dimensión.
   Ana entra al Templo como cada día desde hacía más de sesenta años, conoce cada centímetro del lugar como la palma de su mano.
   José y María aún están esperando su turno para la presentación, hablando entre ellos de lo sucedido con Simeón...
   - Bendito sea este día y bendito seas Oh Señor, que te has dignado mostrarme la salvación del mundo…
   María gira la cabeza y se encuentra con una mujer anciana, encorvada por el paso de los años, pero con una mirada serena y dulce…
  - Mujer, que tienes en tus brazos a quien tanto hemos esperado, te agradezco en nombre de la humanidad doliente, tu entrega generosa…
   - Señora yo…
   - Calla, niña, como has callado hasta ahora, que tu silencio será, para la historia, camino de salvación, ejemplo de entrega generosa, luz en la oscuridad.
   - Pero, ¿Quién es usted?- interviene José, a quien las palabras de la mujer no hacen más que confirmar su partida antes de la misión del hijo adoptivo.
   - Mi nombre es Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser. Joven era yo cuando el Señor me dio un buen esposo, al que acompañé por siete años hasta que la muerte se nos interpuso. Desde entonces, y ya tengo ochenta y cuatro años, no he hecho más que servir a Dios día y noche, con ayunos y oraciones, sin apartarme del Templo. Hoy sentí que debía venir más temprano que de costumbre.  Apenas salí de mi casa vi a mi buen amigo Simeón que caminaba rumbo a las montañas. Me extrañó sobremanera. Al acercarme noté en él la mirada más serena, luminosa y radiante que jamás tuvo… me dijo que era ése su último viaje. Y se despidió con estas palabras ” ¿Sabes Ana?... El Señor jamás defrauda a los que en él depositan sus mejores sueños… Y yo siempre soñé ver con mis propios ojos la salvación del mundo… ha llegado Ana… por fin… ve a verlo”, y partió feliz… feliz…
   - ¿Cómo reconoció al Niño?- José es un estricto custodio del secreto.
   - ¿Conoces esa voz interior que proviene de lo alto y, al mismo tiempo, de las profundidades del alma?
   - Por cierto, la conozco- José siente que puede confiar en Ana
   - Pues la misma voz me acercó a ustedes…Ahora hablaré de este niño a todos los que esperan la redención de Jerusalén…

   Los papás participan de la ceremonia tal como lo ordena la ley. La cotidianeidad del Templo se vería alterada desde ahora por la ausencia de Simeón y los anuncios de Ana… anuncios que llegarían a oídos que los aceptarían, a oídos indiferentes y a oídos cargados de odio, como los oídos de Herodes… pero ésa es otra historia.

  A la mañana siguiente caminamos lentamente rumbo a Belén. María guarda todos los acontecimientos y los medita en su corazón. La identidad de Jesús había salido ya de la intimidad de sus padres, aunque por treinta y tres años su madre guardaría el secreto de su concepción. La palabra Mesías ha comenzado a pronunciarse con renovadas fuerzas en Jerusalén y en Belén ¿Qué hacer? ¿Cómo sigue esta historia ahora, Señora mía?
   - Pues, sencillamente, volvimos a casa y el niño crecía fuerte y sano, José trabajaba en su taller y teníamos lo suficiente para vivir. Muchas veces pensaba en los acontecimientos pasados, en cuales serían los tiempos de callar y los tiempos de hablar… pero una sola certeza guiaba mi corazón, la certeza de que Dios no nos dejaría tomar rumbos equivocados, que Él nos mostraría, de manera evidente, los caminos a seguir. La rutina contrastaba con la magnificencia de los anuncios del ángel y de Simeón, pero estaba allí con el propósito de ayudarme y enseñarme a modelar y dominar mi voluntad, ayudarme a darle el justo valor a las pequeñas cosas, para que comprendiese que la vida de un ser humano se construye desde las pequeñas cosas de la familia, como ladrillos que van formando una pared. Tu me habías preguntado cuando recordé la Noche buena por vez primera, y te he respondido desde el alma.... así como esa bendita noche ha sido para mí un faro en la oscuridad, debe serlo también para ti, amiga, guarda ordenadamente las luces del arbolito, pero deja que la luz de la nochebuena te ilumine el camino cada vez que sientas que la soledad te agobia o que los caminos se desdibujan y no sabes por donde se sigue... 
 
Volvimos a casa, a la realidad de mi vida, tu te fuiste a ayudar a las señoras de la parroquia que confeccionaban los adornos para celebrar la Fiesta de la Candelaria, yo volví a los míos habiendo aprendido algo mas de tu vida, algo mas de ti, Señora mía...
  
María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com 
NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón  por el amor que siento por Ella"

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Con María, camino del Calvario

   Es sábado en la mañana. Llueve. Los niños duermen aún, es temprano, tengo un momento para mí. Mientras pongo la pava al fuego para tomar unos mates, siento que me miras detrás de tu imagen. Te invito a mi mesa, sencilla, humilde mesa argentina, desayuno de mates con pan y manteca…y tú vienes, como siempre...y te sientas junto a mí, toda una reina, toda una mamá.
   - María, amiga mía del alma, hoy necesito conversar contigo sobre este tiempo tan      especial, difícil y aleccionador de la vida de tu Hijo como fue, es y será por siempre la Semana Santa…. quisiera saber.
   -  No, amiga, no, “saber” quizás no sea la palabra, debes… debes sentirlo y comprenderlo en tu corazón. Puedes conocer el relato de los hechos de memoria, y, al mismo tiempo, no comprenderlos, y si no los comprendes no te ayudan en la salvación de tu alma, y si no te ayudan en esto, pues, de nada te sirven.
  -  Ayúdame, Señora, a comprender el significado de la Pasión de Cristo, desde el fondo del alma… ¿Por dónde empiezo?.
   -   Por tu propia vida
   -  ¿Mi vida...dices? …
   -  Mira tu historia- y comenzamos a transitar juntas por los caminos de mi propia existencia (bueno, la verdad es que me hubiese gustado llevar conmigo unos cuantos metros de tela y tijeras, para cortarlos y tapar las escenas de las que me avergüenzo… pero es tarde), ¿Recuerdas cuántas veces entraste triunfante a Jerusalén?
   -  Sí- y recuerdo las veces en las que la vida me sonreía, en las que tenía muchos amigos, en las que recibí aplausos y todo parecía estar perfecto- sí amiga, muchas veces sentí que la vida cortaba ramas de olivo y los ponía a mis pies.
   -  Y tú te creías importante por ello-la voz de María se pone muy triste, apenas si puedo yo soportar su mirada, no está enojada, ¡Está triste!-¿Verdad Susana?, ¿Te sentiste importante sólo porque el mundo te sonreía? ¿No pudiste reconocer que era temporal, que con la misma rapidez con que te sonreía, te olvidaría, pues ya habría logrado su objetivo, que era hacer brillar tu orgullo, palidecer tu humildad, entristecer a mi Hijo?
   Comienzo a llorar, es demasiado, y recién comenzamos. Nunca pensé tener esta conversación contigo, María, pero tanto te amo que no me importa cuánto me reprendas, te sigo, María, te sigo.
   - Bien, Susana querida, vamos ahora a la noche del jueves, a la noche de la cena… ¿Tuviste oportunidad en tu vida de lavar los pies de tus amigos?
   -  Sí- y mi voz es apenas un susurro
   -  Pero… ¿No las aprovechaste todas, verdad? ¡Claro! ¿Cómo tú ibas a rebajarte a lavarles los pies? ¿Cómo tú, con todo lo que crees saber, con todo lo que crees ser, ibas a rebajarte? Amiga, cada vez que no lo hiciste, no sólo perdiste una oportunidad de doblegar tu orgullo, de ejercer la humildad, sino que es como si dijeses que Cristo sí podía, pero ¡Tú no! Porque ¡Claro! Mi Hijo es una persona de la Santísima Trinidad y, como todo lo puede, resulta que también todo lo es fácil, pero... ¿Has olvidado que se hizo hombre para ser igual a ti?¿Sabes que igual significa eso: igual?¿Crees que Él no tenía conciencia de quién era?¿No tenía Jesús un millón de veces más derecho que tú a no arrodillarse ante los demás y lavar sus pies?... amiga mía querida, de ahora en adelante, aprovecha cada oportunidad que tengas de lavar los pies, recuerda que Jesús lavó también los de Judas. Recuerda eso cuando tu orgullo y vanidad se alcen a gritos mientras tú tomas jabón y toalla.
   -  María, querida madre mía, me comprometo aquí y ahora a poner todo de mí para no desaprovechar esas oportunidades, tú… tú sólo pídele a tu Hijo amado que me dé luz suficiente como para reconocerlas.
   -  La tendrás amiga, todos la tienen, si la piden… todos. Pasemos ahora a la escena de Judas. ¿Cuántas veces has besado hipócritamente a quienes no considerabas tus amigos? ¿Cuántas veces has sonreído, siniestramente, mientas sabías que estabas traicionando? ¿Acaso no retumbaron en tus oídos, al besar con falsía, las palabras de mi Hijo “Judas, con un beso entregas al Hijo del Hombre?”(Lc.  22,48) Amiga mía, no te digo esto porque esté enojada contigo, de ninguna manera, no te digo esto porque te ame poco, no, si te amara poco, pues poco me importaría de ti, y te dejaría a la deriva o, lo que es peor aún, te dejaría a merced de ti misma…
   -  María querida, es cierto todo lo que dices, pues ves mi alma en toda su dimensión y conoces que, muchas veces, mi conducta ha lastimado el corazón de tu Hijo. ¿Qué decir? ¿Qué argumentar? Nada, pues, con sólo mirar tus ojos entristecidos se desarman todos mis argumentos ¡Pensar que me aferré tanto a ellos y ahora no pueden sostenerme, ahora veo que, en realidad, sus raíces se alimentaban de mi orgullo y vanidad, sus raíces eran débiles!
   - ¡Bien, hija bien! Estás comprendiendo... ¿Te das cuenta? Ese es el mensaje, comprenderlo desde tu propia vida.
   -  María, temo seguir… temo seguir…
   -  Pues debes hacerlo, es duro, difícil, sobre todo llegar al tiempo de la muerte de Jesús, pero debes aferrarte a su resurrección, es la única manera.
   -  Sigamos entonces…
   - ¿Recuerdas el anuncio de las negaciones de Pedro?, Jesús sabía lo que iba a pasar en el alma de su amigo. Sabía también que debía suceder, para que Pedro aprendiese hasta que punto podía caer y desde donde podía levantarse… ¿Cuántas veces Jesús te anunció que tú también le negarías, quizás no con las palabras, pero sí con tu conducta?
   -  Demasiadas, Señora, demasiadas…
   -  Bien, acompañemos ahora al Salvador mientras ora en el Huerto. Está triste y solo. Le pide a sus amigos que lo esperen despierto, es sólo un momento, mas ellos se duermen. ¿Cuántas veces te encontró a ti dormida, amiga? ¿Cuántas veces dejaste para más tarde, para más adelante, el replanteo serio de ciertas actitudes sólo dictadas por tu orgullo y vanidad, y Jesús te encontró en medio de ellas?. Mientras Él estaba orando y necesitaba de ti, tú dormías ¡Más tarde te despertarías, más adelante, ya tendrías tiempo…! Nunca sabes cuando Jesús vendrá por ti ¿Por qué dejas el cuidado de tu alma para más adelante? ¿Por qué te duermes en el mullido colchón que te ofrece el mundo?
   -  Señora, ¡Cuánto tiempo he perdido!...
   -  Ya vienen por Jesús, ya vienen por Él. Judas lo besa. Un amigo saca su espada y mi Hijo lo detiene. Deben cumplirse las Escrituras. Él podría solicitar al Padre “..doce legiones de ángeles” (Mt. 26,53) pero calla, Él podría eliminarlos a todos sólo con una mirada, pero no lo hace… Jesús obedece la Voluntad del Padre, sabiendo que le pide el mayor de los sacrificios, su propia vida… pues el alma de Jesús era un solo grito: “Padre mío...no se haga mi voluntad, sino la tuya!”( Mt 26,39) ¿Cuántas veces no aceptaste la Voluntad de Dios en tu propia vida y terminaste lastimada? Hija mía del alma, la voluntad de Dios es siempre el mejor y más seguro de los caminos, aunque tú no lo comprendas prontamente.
   -  Lo sé, y ahora veo con claridad de que he tenido más caminos a mi alcance de los que yo misma tengo conciencia…quisiera, Señora, borrar todos los pecados de mi vida si pudiera. Si pudiera volver a nacer y hacer todo otra vez …
  -  Puedes hija, puedes. Recuerda las Escrituras. Recuerda la canción que te enseñaron esas religiosas que tanto amas “Hay que nacer del agua y del Espíritu de Dios, hay que nacer del Amor…” Puedes nacer de nuevo. Debes nacer de nuevo. Cristo borra tus pecados con su Preciosísima Sangre, si tú los confiesas en el sacramento de la Reconciliación. ¡Puedes hacerlo amiga! ¿Qué estas esperando?. Sigamos con Jesús y su dolor, las espinas marcan su cabeza, que tantas veces acaricié. El látigo lastima su espalda sobre la que cargará la salvación del mundo. El camino del Calvario comienza. Pero se le siguen agregando espinas, pobre hijo... ¿Sabes cuáles? Las que nacen de los pecados de los que, debiendo recordarle a cada instante, lo olvidan, porque… ¡Y bueno! Porque dicen, a veces, que la religión es una cosa y esta situación otra, o que no podemos meter a Jesús en todo… ¡Cuán equivocados están! Jesús “es” todo, y las circunstancias de la vida son sólo disfraces del pecado para tentar a cada uno donde más débil es.
   -  Hoy quiero nacer de nuevo. Hoy quiero nacer de nuevo, Señora, por Jesús.
   -  La cruz ya pesa sobre sus espaldas, carga sobre sí los pecados del mundo ¡Qué pesada le resulta! Cae, bajo el peso de la cruz y un dolor que le ciega… se levanta ¿Cuántas veces, amiga, te tiró abajo el peso de tu cruz y allí te quedaste? Gimiendo, llorando y lamentándote que Dios te había olvidado… por ello, perdiste de tomar su mano, que la extendía desde la Eternidad para sostenerte. ¡Ay, mi buena amiga!.. hubiese bastado con que levantaras los ojos, en lugar de mirar solamente el lugar de tu caída. Era tan simple. Es tan simple.
   Sigamos. La cruz deja huellas en la arena, una línea que se mezcla con las huellas de sus pies y la sangre Preciosísima. Simón de Cirene le ayuda. ¿Cuántas veces tuviste la oportunidad de ser Simón de Cirene para tu hermano, para un Cristo cansado y agobiado que se escondía tras el desesperado rostro de tu hermano? Recuerda, amiga, que hay oportunidades que pasan ante ti una sola vez, que el hermano a quien no ayudaste pasó, siguió su camino, ya no tendrás oportunidad de ayudarlo, quizás a otro, pero a ése… a ése ya no. Simón de Cirene, amiga, recuérdalo cada vez que tu hermano te mire en silencio, cada vez  que el dolor le nuble el  alma. No hace falta  que se arrodille ante ti, ni que inicie un expediente para solicitar tu ayuda, ni que espere a que tú “tengas tiempo”, ni siquiera que juzgues si “merece o no” tu ayuda. Sólo carga su cruz unos metros, sólo unos metros, verás que, cuando él siga su camino, tu propia cruz será más liviana.
   - Simón de Cirene- y recuerdo que demasiadas veces mi hermano me miró con desesperación, pero no llenaba los “requisitos” exigidos por mi orgullo y vanidad para prestarle ayuda. Siento, a esta altura, un gran dolor por mis pecados, un gran dolor.
   -  Hija querida, mi alma también está llena de dolor al recordar estos momentos.
   -  Calla, entonces, Señora.
   -  No, amiga, mi misión es conducirte a mi Hijo. Seguiremos, si mi dolor te da luz entonces tiene sentido. Mira, le han clavado en la cruz. Estoy a su lado… habla… habla...
   -  ¿Qué dice Jesús, Señora? ¿Qué dice?
   -  Él dice… dice… tu nombre… tu nombre y el de todos… los nombra, uno a uno, como si nombrarlos le diera la fuerza que necesita para llegar al final. Luego, luego dice a Juan y a mí…”Mujer, aquí tienes a tu hijo” “Aquí tienes a tu madre”( Jn 19,26-27)… el resto es sólo un susurro. ”Todos, todos, todos”… Él te nombró, amiga, los nombró a todos, eso los hace hermanos… hermanos...
   Te miro, tus ojos están llenos de lágrimas. Tienes ojeras, eres ahora la Dolorosa. La Dolorosa… quiero abrazarte, pero…no soy digna. Lo notas. Te me adelantas, me abrazas, lloramos juntas largo rato, yo, por mis pecados, tú… tú por mí, por todos…

María Susana Ratero

NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón, por el amor que siento por Ella.”

Con María, en Pascua de Resurrección

-         Hoy, María Santísima, es domingo de Pascua… el sol brilla de una manera especial en este día, en realidad, en ningún día del año brilla como hoy… al menos así lo siente mi alma…. Hoy iré a misa con mis niñas de catequesis, cantaremos alabanzas a tu Hijo, las mayorcitas le recibirán en la Comunión, las más pequeñitas las acompañarán tomadas de sus manos, para que tu Hijo también se quede en sus almitas puras… Hoy es un día feliz, hasta tendremos fiesta de Pascua….
-         Pues me alegras el alma,…. Esto me recuerda  mi primera fiesta de Pascua de Resurrección…
-         Cuéntame, Señora…
-         Verás, era el tercer día después de la muerte de mi Hijo, María Magdalena y las demás mujeres me pasaron a buscar para ir al sepulcro antes del amanecer… llevaban perfumes y estaban muy tristes… yo, en el fondo de mi alma, sentía una profunda paz, recordaba las palabras de mi Hijo… no sabía exactamente qué sucedería, pero tenía la certeza de que Algo iba a cambiar la historia…
-         ¿No les comentaste nada a ellas?
-         No, existen caminos que cada uno debe recorrer por sí mismo… ellas lo entenderían cuando Jesús dispusiera que así debía ser… Al llegar al sepulcro el corazón me dio un salto, pues la piedra de la entrada estaba corrida… Entraron ellas al recinto y me dijeron estaba vacío, yo quedé fuera… no necesitaba más explicaciones, podía sentir la presencia de mi Hijo, mas no le veía… Me alejé unos pasos… cuando volví al lugar donde estaba María Magdalena allí le vi, con ella… pero no quise acercarme… Jesús la consolaba, le pedía que avisara a sus Apóstoles… ella… tenía el rostro radiante… hizo lo que Él le pedía, vino junto a mí, nos miramos, ella me tomó las manos  y, junto a las demás, nos fuimos rápidamente a la casa donde estaban los hombres… yo, a veces, giraba mi rostro, esperando verle, mas ya había partido…
-         Señora ¿Por qué no a ti? Quiero decir, porqué no te visitó especialmente a ti, que eras su madre…
-         Porque, amiga, mi Jesús conocía mi corazón, sabía que yo le esperaba, en cambio, los Apóstoles y las demás mujeres estaban desesperados, la Iglesia primitiva estaba sumida en la más profunda tristeza, su Esposa, la Iglesia, le necesitaba imperiosamente, por ello, hija, es que el buen Esposo corrió a consolarla, el Esposo sería ahora, más que nunca, Camino Verdad y Vida… pero no te preocupes, nos encontramos Jesús y yo…
-         ¿Cuándo?
-         Cuando Él se presentó en la casa mientras las puertas estaban cerradas… unos segundos antes de que entrara percibí un intenso perfume, exquisito, desconocido, un perfume de eternidad… mi corazón latía fuerte… Estaba cocinando, escuché entonces la voz conocida, la voz amada : “La paz esté con ustedes”… había llegado, el Hijo, el Mesías, el Cristo… me acerqué… escuche todas y cada una de sus palabras… los hombres estaban tan admirados que no cabían en sí… yo tenía muchas ganas de abrazarle… Antes de salir se volvió hacia mí… me miró con todo el amor a que me tenía acostumbrada… fue una mirada intensa, profunda, que valió mas que mil palabras… sus ojos parecían repetir…”Mujer, aquí tienes a tus hijos”….. le vi partir, había ángeles con él, por un momento me pareció ver el rostro de Aquel que me lo había anunciado…
-         ¿Y luego?
-         Luego... luego era el comienzo de la Misión de la Iglesia, el primer instante…”Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la Creación”… la casa era un estallido de alegría, los hombres se abrazaban, unos lloraban, otros cantaban… algunos, terminaban pidiendo silencio por temor a los soldados… luego, Pedro, pidió calma y les dijo… ”Hermanos, nuestras Pascuas serán, de aquí en mas, Pascuas de Resurrección, el paso de la muerte a la vida… de nosotros, de cada uno de nosotros, depende que este día no sea olvidado, que el significado de este día sea, para todos los pueblos, signo de esperanza, motivo de fe, fuerza en las pruebas… de nosotros depende … Jesús nos acompañará hasta el fin de los tiempos, pero es nuestra responsabilidad sostenernos unos a otros en el dolor, consolarnos en las tribulaciones, alentarnos en las pruebas que nos esperan, en resumen, ser Uno… que cuando el mundo nos vea, nos reconozca por el Amor, que puedan decir, por nuestra actitud  "son seguidores de Cristo… son Cristianos…"
-         Cristianos… La primera vez que se pronunciaba ¿verdad, Señora?
Así es, amiga, el corazón y el alma de todos se estremeció al oír la dimensión de esta palabra… Cristianos… Cristianos… quedaba ahora el esperar a la venida del Espíritu Santo… como Jesús mismo lo había prometido… pero esta era otra clase de espera… Comimos todos con inmensa alegría… y alguno de ellos dijo “Felices Pascuas, Amigos” y todos se saludaron… sí, Felices Pascuas amiga mía, Felices Pascuas para todos, también Felices Pascuas para ti, que has leído estas líneas, recibe de esta madre un abrazo grande, apretado, intenso y todo mi amor, hijo de mi alma….todo mi amor en cada instante de tu vida, no dudes, hijo querido, en buscarme en tu tristeza, en tu alegría, en tu dolor, porque, en toda circunstancia, soy tu madre…
 
María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com
NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

El Angel Gabriel y la Inmaculada


Es domingo soleado en mi tierra, vísperas de la fiesta de la Inmaculada Concepción…

Resulta, para mi corazón, una fiesta diferente sobre la Santísima Virgen María, ya que no nos habla acerca de lo que María “hizo” sino de lo que María fue, es y será por siempre…

La Inmaculada Concepción…. Quisiera preguntar a alguien acerca de lo que realmente significa ese regalo de Dios, ese detalle de exquisita delicadeza y necesaria pureza con que Dios adornó a la Virgen desde el vientre de su mamá…

Pero… ¿a quien preguntar? ¿A María?... No sé, a ella, tan humilde como es, seguramente le costaría un poco hablar de tanta gracia derramada en su alma… aunque toda ella sea un canto de agradecimiento por tan generoso regalo…

Quisiera preguntar… pero ¿a quién? 

-Pues... a mí-

Y una voz fuerte, armoniosa, segura y hasta perfumada le responde a mi alma… ¡El ángel Gabriel!

-Oh grandioso ángel, oh portador de mensajes celestiales, gracias por escuchar mi pedido…

-¿Qué quieres saber, hija de María?
    
“Hija de María”… la frase me estremeció el alma, de gozo, de añoranza….

-Pues… quisiera me explicaras lo que significa la fiesta de mañana…

-Bien, trataré, aunque tan grandes misterios no pueden comprenderlos, acabadamente los hombres, el Espíritu permite que puedan conocerlos de acuerdo a sus capacidades… Te contaré acerca de ella… de María (y sus ojos resplandecían de amor y respeto), de la mas hermosa criatura, del ser humano mas delicado, piadoso, tierno, obediente y generoso que, a excepción de Cristo, jamás haya existido… María nació primeramente en el corazón del Padre, cuando el Hijo aceptó pagar el precio de la Redención de los hombres… por cierto… el más alto precio… Entonces, para la consumación del acto de amor mas grande y mas perfecto era necesario un comienzo,,, Jesús pudo haber elegido mil modos diferentes de presentarse ante los hombres, pero eligió nacer… hacerse niño, caminar los caminos de los hombres desde el principio… y para nacer necesitó una mamá… una cuna purísima que le cobijara por nueve meses… una compañera fiel que le acompañara, amorosamente, por treinta y tres largos y difíciles años… Allí es cuando, en el corazón del Padre, es concebida María, destinada a ser puente entre Jesús y los hombres… nació primero en el amor de Dios y luego fue depositada en el seno de Ana… depositada con exquisita delicadeza… los ángeles y los coros celestiales cantaron de gozo al ser testigos del comienzo de la vida de María, un comienzo especial, sin mancha de pecado original, un alma pura y preservada… la primera redimida por Cristo…

-¿Tú estabas allí cuando el corazón de mi Madre comenzó a latir?

-Sí, el Hijo del Eterno me dijo “Cuando sea el tiempo te presentarás ante ella y le anunciarás los designios del Padre, mas no volverás hasta tener de ella una respuesta…” Yo estaba sorprendido del último detalle y por ello le hice este planteo “¿Porqué he de esperar una respuesta si le estoy anunciando lo que ha de ocurrir de todos modos?” El Hijo aclaró mis dudas enseguida: "Porque ella, aún siendo criatura, es libre… libre de aceptar o no, libre de creer o no… quiero albergarme en sus entrañas, pero no podría hacerlo si antes ella no me alberga en su corazón…”

Gabriel recordaba esos momentos con infinita ternura…

-Ella fue pura desde el principio, llena de gracia, agradable a Dios en toda su conducta, en sus pensamientos y, por sobre todo, en su fe… No pienses  que ella vivía en una abstracción del mundo, en una burbuja, no, ella vivía comprometida con su tiempo, en su relación de hija primero y de esposa prometida después… ella también vivió la soledad y la tristeza, la espera y la angustia, pero lo vivía todo desde su amor a Dios, fue dotada de todas las virtudes de los santos, y ella las hizo florecer y crecer en su alma… también debió recorrer lenta y dolorosamente los caminos de la fe….

-¿La reconociste enseguida cuando bajaste a Nazaret?

-Sin duda, recuerda que puedo ver las almas… la suya resplandecía, no estaba atada por las cadenas del mundo ni por las del pecado… era el más digno aposento para el Mesías…

-Y cuando le hablaste, ¿qué sentiste?

-Un gran respeto, por su humildad, por su entrega generosa, pero también por su valentía… ¿sabes que si José la repudiaba podía haber sido apedreada en la plaza pública?… aún así, ignorando como Dios arreglaría todas las circunstancias, ella dijo “Si” y su “sí” fue, para los ángeles, el mas bello canto de amor… ¿Comprendes entonces porque es tan especial esta fiesta de la Inmaculada Concepción…?

-Bien lo comprendo ahora, amigo mío, bien lo comprendo… gracias, gracias por haberme dedicado tanta atención, gracias por contarme estos tiernos secretos sin merecerlo yo en lo más mínimo… ¿Sabes? Iré a visitarla esta tarde, a decirle cuánto, cuánto, cuánto la quiero… y mañana estaré con ella, todo el día, la invitare a mi casa, a tomar unos mates a la tardecita, a caminar entre los naranjos y los rosales del patio de mi casa… ¿Crees que vendrá?

-¡Por supuesto que sí! Ella es tu Madre, tu eres su hija…. Ella es la Madre de ustedes… les ama, les espera… quiere que todos lleguen a su Hijo… ese es su sueño, su anhelo, su misión desde aquel Viernes Santo cuando, en medio del mayor dolor, aceptó ser la mamá de todos, de cada uno, con nombre y apellido… invítala confiada, que a ella le encanta visitar la casa y el alma de sus hijos….

Amigo mío que has leído este pequeño relato, visita a tu Madre del Cielo en la parroquia más cercana a tu casa, invítala a tu casa y a tu corazón… Ten un encuentro personal con ella, deja que te abrace, te cuide y te proteja… pero por sobre todas las cosas, escúchala, escúchala… sus palabras son camino seguro… faro en las tormentas del alma, brújula en las noches tristes…. Ten un buen día de la Inmaculada Concepción, y deja que ella te tome de la mano y te acompañe a la próxima Navidad….


María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com
 
NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón  por el amor que siento por Ella"
lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de rev

Con María, caminando hacia Belén (hacia mi propia Navidad)


Hoy es sábado 20 de diciembre... Ya has salido, junto a José, camino de Belén, Señora mía... Preparaste amorosamente la ropita del pequeño, llevaste todo lo que imaginabas podía necesitar... José organizó la logística del viaje, por donde ir, cuando parar, cuando llegar… cada uno en lo suyo... Pero juntos... En el aire se respira “aroma de parto”...    
¡Cómo quisiera acompañarte, Señora mía, en esta, la mas hermosa y decisiva peregrinación de la historia! ¡Cómo quisiera haber sido tan sólo uno de los perros que seguían al asno en su camino!...

-Si tanto lo deseas, hija querida ¿por qué entonces, no vienes con nosotros? …vamos Susana... sin tanto preámbulo ¿vienes?

Tu voz  clara, tu mirada serena, tu perfume indescriptible, le preguntan a mi pobre alma aturdida por las cosas del mundo… Tantas veces te he olvidado, Señora, tantas veces te he dejado esperando, y aún así, tu amor de madre me invita a caminar hacia Belén…

-¡Claro que sí, Madre querida!- te contesta mi voz en un hilo… quisiera llorar, reír... no sé… opto por seguirte...

Anochece... Nazaret ha quedado atrás... Se han detenido a descansar un poco. José junta un poco de leña para hacer fuego... Tú estas sentada tratando de cocinar algo… justo se cruza un animal del campo (no sé bien lo que era, si fuera Argentina sería seguro una liebre),  José la atrapa…

-El Señor nos mandó una buena cena, princesa mía- te dice el esposo cuando llega con su trofeo de caza.

-Él nos provee siempre, esposo mío, sabe nuestras necesidades, pero por sobre todo, nos provee al alma de la fuerza de su amor.

Te recuestas un rato, estas cansada... Yo te observo a pocos pasos… José va por más leña... Miras el cielo... Le hablas a tu bebé:

-“Mira amor, desde aquella estrella grande, que brilla, Papá nos mira... ¿la ves?... Bueno, bueno, tranquilo, no saltes así…- te ríes, una lágrima te acaricia la mejilla y se pierde en la arena de la noche... - Amor, falta poco para llegar… ¿Qué haremos cuando sea tu tiempo? ¿Donde nacerás? Seguro Papá ya tiene todo preparado, yo no pregunto, soy su esclava, le sigo donde me mande... ¿sabes amor? Ser su esclava no es como las esclavitudes del mundo, que ahogan y atan, ser su esclava es… como tener alas... Como... soñar sin límites,... Ser su esclava es llenarse de paz, no temer, caminar confiada… saber que todo camino es trazado por sus manos, que toda circunstancia es Camino hacia el Padre…Duerme ahora, hijo mío querido… ¿sabes? Estoy impaciente por verte, por besarte, por abrazarte… pero ya habrá tiempo, ahora, hijo, ahora es tiempo de caminar...
  
José vuelve con mas leña, prepara la cena, y te sirve una abundante y rica porción… el olor de la carne asada trepa el aire… Comen alegres, riendo con recuerdos del pasado, soñando con el día del nacimiento… De pronto… les sobresalta un ruido…

-Quédate aquí quieta, veré lo que es...

Teme José a los asaltantes que podían haberse escondido entre las sombras ¿Qué podrían llevarles? nada, pues nada tienen. El mayor de los tesoros estaba escondido en el seno purísimo de María…

-No temas, querida, es sólo un animal vagabundo… duerme, duerme ahora, princesa mía, que el viaje aún no termina, y el día de mañana será largo...

Te recuestas, Señora mía, cerca del fuego, José te cubre delicadamente con una manta…     Te quedas dormida… él te mira con ternura infinita... ¿que pensamientos cruzarían por su mente y su corazón en estos momentos? No quiero yo moverme, pues temo me vea José...

-¿Te piensas quedar toda la noche tras una piedra? – el esposo voltea hacia mí y me mira con una mirada llena de paz, aunque no exenta de cierta preocupación…

-Yo… lo siento, no quería molestar… es que…

-Lo sé ¿olvidas que me cuenta todo? Ella te invito a venir con nosotros en este viaje del 2003

-¿Qué dices José? ¿Cómo del 2003? ¿no es este una especie de sueño donde yo les acompaño en un viaje realizado hace más de 2000 años?

-Pues no, querida mía… Cada año, María y yo volvemos a viajar a Belén… Cada año es como si Cristo volviera a nacer… solo que su nacimiento no es físico… Jesús quiere nacer en el corazón de cada uno...

-Pero… No entiendo… Hay mucha gente buena en el mundo, religiosos, sacerdotes, laicos, que también quisieran acompañarles… ¿Cómo es entonces que viajan tan solos?

-Porque éste, mi querida, es TU viaje hacia Belén, nadie puede hacerlo por ti… este es tu camino para dejar que Jesús nazca en tu alma, este es el viaje que debes hacer, a través de las montañas de tu corazón, debes cruzar los ríos de tu orgullo, que, aunque torrentosos, pueden cruzarse si te acompañamos... Debes soportar los vientos de la soledad y la tristeza…, debes enfrentarlos y vencerlos por amor a Jesús...¿comprendes ahora?

Me quedo sin palabras… José es un hombre sabio, me explica lo que sucedía con la sencillez de los grandes hombres… Estoy en el desierto de mi corazón, cuando amanezca… ¡oh Dios! cuando amanezca se mostrarán todos los valles, quebradas y torrentosos ríos de mi alma… ¡Qué vergüenza!... Mi corazón está tan lleno de pecados, que… no sé… quisiera salir corriendo pero ¿adonde?... Ni siquiera hallaré un lugar donde esconder mi rostro...

-¿Por qué quieres esconderte?- preguntas, María querida, despertando de tu reparador descanso.

-Es que José me ha explicado… y temo que, al amanecer, no te guste lo que veas, Señora…

-¿Y que se supone que veré?

-Mi corazón, que no es como yo quisiera, que hace el mal que no quiere y no hace el bien que desea, mi torpe corazón, tan lleno de culpas y olvidos para contigo...

-Creo, hija mía, que no comprendes la verdadera dimensión del amor que Jesús tiene por ti- y colocas tu pequeña mano sobre el vientre abultado -Jesús estaba esperando a que tú desearas realizar este viaje, Jesús está esperando que tú te arrepientas de tus errores, pues Él es manantial de misericordia, Jesús espera que tú quieras recibirlo en tu alma… Para ello, busca el sacramento de la Reconciliación... Allí, verás cómo el paisaje de tu corazón se transforma, cómo los ríos se vuelven calmos, las quebradas se transforman en fértiles valles y el desierto de tu corazón se llena del perfume de Su amor… Jesús te llama, hija, te llama siempre, desde su lastimado corazón, parte su pedido hasta el tuyo. El llamado es de Él, la decisión, tuya… indefectiblemente tuya… Ahora descansa, el día de mañana será largo…

Me recosté cerca del fuego… no podía dormir, mas bien no podía dejar de llorar… tanto me amas Jesús mío, que haces todo esto por mí, por cada ser humano, por todos, por todos. José me cubre con una manta… por fin me duermo...

Amanece… Tu esposo ha preparado un poco de pan para comer antes de reiniciar el viaje… Pan… me tiemblan las manos, lo recibo agradecida… tiene el sabor del pan de la mesa de mi casa, el sabor conocido de las pequeñas cosas de mi vida…

Nos ponemos en camino, hay viento, cuesta avanzar, José y yo caminamos, María viaja sobre el animal que parece muy feliz de transportar tan preciado equipaje…Hay demasiado viento, la arena casi nos ciega, apenas si podemos conservar el rumbo…

-¡Debemos detenernos!- le grito a José...

-¡Aquí no, avanzaremos hasta esas rocas y buscaremos refugio!

-¡No lo lograremos, casi no se ve nada!

-Déjate guiar, conozco el terreno, no temas, llegaremos ¿ves?, igual actúas en las tormentas de tu alma… en lugar de dejarte guiar por Jesús, acampas en cualquier parte de tu dolor y te tapa la arena de la desesperación…

Llegamos por fin a las rocas, que ofrecían buen refugio... La tormenta pasó… José propuso seguir el viaje… María está realmente agotada… pero calla, sabe que no puede quedarse a la mitad del viaje, ahora debe seguir, no hay regreso…

Anochece, se pone frío… A lo lejos se divisa una fogata, José nos deja en buen resguardo y se acerca a ver si son confiables… Regresa emocionado…

-¡Es Pablo, mi primo y unas familias más! Ellos también deben registrarse en Belén…Dice que la ciudad esta atestada de gente…Eso me preocupa, pero ya veremos al llegar, ahora vamos, nos invitaron a compartir la cena...

José avanzaba con el animal, María quiso caminar un poco, le ofrezco mi brazo, y se apoya…

-¿Ves hija? Muchas veces Dios nos pone buenos amigos, buenos consejeros en el camino, la decisión es nuestra, o quedarnos en la oscuridad de nuestra propia noche o arriesgarse a avanzar un poco hacia aquellos que nos pueden ayudar…

La familia de José se muestra amable. María tiene una sonrisa encantadora y una voz tan exquisita que todos quedan muy admirados de ella y no dejan de felicitar a José por tan bella esposa.

Al amanecer seguimos caminado, José se despidió de su familia, ya que ellos se quedarían en el campamento por unos días esperando a otros parientes…

Belén se dibuja nítido en el horizonte… la gente va y viene a causa del censo… Vamos llegando, cuando María le dice a José…

-Esposo mío, ya es tiempo… El niño nacerá pronto…

-Ayúdame a encontrar un sitio para el nacimiento- me pide José- recuerda que debe ser digno de Él, no por el lujo sino por la sencillez, el amor, la generosidad y la predisposición para recibirlo

-Pero ¿nde encuentro ese sitio, José?

-No lo sé, recuerda que estamos en tu corazón, tú lo conoces, al menos, deberías… busca en tu corazón un lugar donde María pueda dar a luz…

El lugar que José me solicitaba debía estar libre de las espinas de mi egoísmo, protegido y al reparo de los vientos de mi ira, sin grietas, para que no le inundase la lluvia fría de mi falta de fe...

José me pide ese lugar... Antes de ponerme a buscar haré caso del consejo de María, buscaré el sacramento de la Reconciliación...

Maria me despide…

-Aquí estaremos esperando, hija querida, ve y encuentra ese lugar para Jesús… dale esa alegría a mi Corazón Inmaculado, busca, hija, busca… estoy segura que ese lugar existe, pero debes encontrarlo por ti misma… recuerda, nadie puede hacer esa búsqueda por ti...Vamos, que Jesús espera…
  
Abrazo a mi Madre querida con todas mis fuerzas, beso sus hermosas manos… Abrazo a José, quien besa mi frente y murmura…

-Confío en ti, sé que volverás, sé que no nos dejarás en espera… no te distraigas en el camino, no te distraigas, por fuerte que sea la tentación... Busca, hija, que el que busca encuentra...

-Gracias, gracias- y mi voz es un susurro ahogado por el llanto…
  
Los dejo, cada tanto giro el rostro para verlos, aún están donde les dejé, en un recodo del camino… debo encontrar el mejor lugar dentro de mi corazón... Queda poco tiempo... Debo encontrar ese lugar y venir por ellos para guiarlos...

Se que lo hallaré, no será fácil, deberé limpiarlo, asearlo, y acondicionarlo… llenarlo de amor y de fe… Pediré al Padre incremente mi fe… haré oración,  seguiré los caminos del Adviento…
  
Dios jamás defrauda a los que en él depositan sus mejores sueños… recuerdo que desde setiembre vengo pensando cómo hacer de ésta una Navidad especial... Dios me escuchó, María me escuchó, me invitó a caminar hacia Belén, nos invita a todos, no la dejemos sola, esperando, en un recodo del camino...

   Amigo, te deseo la mejor Nochebuena, la mejor Navidad, ojalá tu también encuentres el lugar que José te pide, desde un recodo del camino…


María Susana Ratero
NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

Carta de María para ti, mujer


  Hola, mi querida hija del alma, que la paz del Señor esté contigo...mi corazón necesitaba escribirte estas simples líneas que, como pájaro de luz, lleguen de mi corazón al tuyo...le iluminen, disipen dudas y angustias, y te hagan caminar hacia tu verdadero destino: los brazos de mi Hijo...
   Sí, querida mía, tu verdadero destino, que no es muchas veces el que te propone el mundo y por el que tantos esfuerzos gastas olvidándote del negocio mas importante que tienes: la salvación de tu alma...
   Los problemas, mi querida, son todos camino hacia el Padre, el dolor, la angustia, la soledad... todo va modelando el alma de acuerdo a las respuestas que vayas dando... tú, seguro, me dirás: “¡Pero lo que a mi me pasa es tan duro , Señora!!!” Lo sé, hija, ¿acaso por un momento has pensado que no lo sé? Querida, si lloro con tus lágrimas y río contigo sin que me notes a tu lado.... cómo no saber lo que siente tu alma, si yo misma lo he padecido... bien sé  lo que es el dolor, la soledad,  la traición..., pero también sé que todo eso, puesto en las manos del Padre, se transforma en camino de Salvación...
   Cuando yo vivía entre ustedes, meditaba todas esas cosas y las guardaba en mi corazón, las que comprendía y las que no, las que me alegraban y las que me lastimaban, como perlas de un collar incompleto que, lentamente, con el tiempo, iban tomando su verdadero lugar...
   ¿Sabes hija? Me gusta mucho caminar en los atardeceres, luego de un largo día de trabajo..., y me encantaría que hoy me acompañases... o mañana, o el sábado, aunque sé que estás un poco cansada... ¿cómo lo sé? Pues verás, estoy contigo cuando abres los ojos y miras el despertador, tirano, que no te regala unos minutos mas, y debes levantarte rápido a preparar el desayuno del marido y los hijos, o el tuyo solo, o el de tu mamá.... mientras se calienta el agua te miro... te amo... luego, voy contigo a levantar los remolones que se empecinan en pelearse con el reloj.... te ayudo a vestirlos, te pongo a mano esa remera que no encontrabas... y me siento con ustedes a desayunar... me gusta como  preparas todo, el olorcito rico de tu cocina, luego debemos llevar los chicos al colegio, ir a trabajar para traer el sustento, o volver a casa a la rutinaria (¡pero hermosa!) tarea de mantener limpio el hogar... juntas vamos al supermercado y hacemos que alcance el dinero justito para el almuerzo... hasta a veces hago que te sobre una moneda para un dulce... el postre sorpresa de los hijos...
   También lavamos la ropa, el piso, acomodamos todo para que el esposo y los niños encuentren ese remanso de paz que anhelan, el olorcito a ”su casa” que les volverá al alma cuando se sientan tristes, solitarios, nostálgicos... allí recordarán todas las cosas buenas que les enseñaste...
   También estoy contigo en el trabajo, ayudándote, aconsejándote, pidiéndote que sonrías siempre, que trates bien a todos, ya que nunca sabes cuanto bien haces con una sonrisa... eres mi embajadora cuando sonríes, cuando eres amable, cuando perdonas... ¡¡cuando perdonas haces sonreír a mi Hijo!!!
   Ya estamos a mas de la mitad de la jornada, extrañamos volver a casa ¿verdad?...
  Contigo corro a abrazar a los hijos, contigo me siento y les preguntamos juntas cómo les fue (aunque yo ya lo sé, porque los estuve cuidando por ti en el colegio, mientras jugaban, o cuando cruzaban la calle)
  También te acompaño cuando debes darles una noticia triste, como que un amigo o un primo enfermo ha partido hacia mi Hijo, estoy contigo para decirles que lo he abrazado fuerte, fuerte y le he llenado de besos cuando ha llegado aquí al cielo, que le tengo a mi lado y damos largos paseos por los jardines celestiales....
  Me gusta cuando les ayudas en la tareas, les hablas al alma, les acompañas a la catequesis ... a veces te veo preocupada porque parecen distraídos, no te preocupes, mi querida, tú sigue sembrando, que tuyo es el tiempo de siembra y de mi Hijo el de la cosecha...
  En fin, ya cae la tarde... ¿qué te parece si nos vamos juntas aunque más no sea hasta el almacén? Sí, dale, vamos a comprar el pan para la cena y así charlamos, sí, de eso que te tiene preocupada... ven, que tengo muchas ganas de tranquilizarte, de acompañarte, de abrazarte en silencio...
   Vamos hija, vamos de paseo...
Desde el alma
Tu mamá
María de Nazaret
María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com


NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

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