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María y una habitacion cerrada

   Estamos en  Cuaresma. Para sacar de ella los mejores frutos he de recorrer un camino difícil, quizás el más difícil… y el más postergado. Un camino hacia mi corazón. Para conocerlo, para quitar de él todo el peso inútil e innecesario que le ha dejado el pecado. El peso del rencor, de la envidia, de la soberbia y tantos otros lastres que hacen lento y cansado su caminar.
   Y el comienzo de ese recorrido me lo muestra tu Hijo, Madre querida, en la lectura del Evangelio.
   Pero como este corazón ve a medias, María, necesito me enseñes a descubrir esa puerta que conduce al camino que el Maestro me señala…
   Y te llegas a mi alma y te pones junto a mí en la fila que estoy haciendo por un trámite de la oficina.
   - Dime, hija -me susurras al alma para que este encuentro sea tan solo nuestro, aun en medio de tanta gente.
   - Explícame Señora como puedo poner en práctica las palabras del Maestro: “Tu en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará”
   - ¿Qué es lo que no entiendes de esta propuesta, hija mía?
   - Pues, Madre, no sé si es que no la entiendo o  me da pena que, para mí, sea tan difícil ponerla en práctica.
   - ¿Y porque la consideras difícil de practicar? Yo la veo tan simple…
   - Madre, es que…- y ante tu gran paciencia para conmigo las palabras se me tornan esquivas- es que… para poder “irme a mi habitación y orar en secreto” necesito algo que, por estos días, me resulta muy escaso… necesito tiempo
   Y sonríes… sonríes y me abrazas, como sólo puedes abrazarme tú, con ese abrazo que descansa el alma, con ese abrazo que hace ver chiquitas las penas…
   - Te preocupas por tu falta de tiempo, cuando deberías preocuparte por tu falta de fe…
   -Discúlpame Madre, pero ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
   - Todo, hija, tiene todo que ver...
   -  ¿Mi falta de tiempo y mi poca fe tienen algo en común? Explícame, Madre, que mi corazón no entiende…
   - Tu falta de fe es lo que “agiganta” en tu corazón tu falta de tiempo…
   Como te miro sin comprender, pasas directo a la “parte práctica” de la explicación…
   - A ver, hija, ¿Cuánto tiempo falta para que puedas completar el trámite que te tiene esperando en esta fila?
   - Pues, unos treinta minutos.
   -¡Buenísimo! Treinta minutos te alcanzan para ir a tu habitación y orar en lo secreto.
   - Madre- comienzo a asombrarme con tu propuesta- ¿Cómo he de irme a mi casa ahora? No hay “habitaciones” aquí, esto es una oficina… No es que dude de tu propuesta, Madrecita, es que no la entiendo.
   -Hijita, “ir” a tu habitación y orar al Padre en lo secreto es mucho mas fácil de lo que crees. Aquí mismo, sin moverte, te es posible hacerlo.
   - Ay Madre- suspiro agradecida- dime pronto como se hace, pues mi corazón ansia un momento de oración ¿Cuál es la puerta de esa habitación? ¿Dónde la hallo?
   - Busca, hija, que el que busca encuentra…
   Sin saber, exactamente, que es lo que me pides que busque, meto la mano en mi bolso. Parece de locos, pero la alegría con que late mi corazón, me lleva a buscar.
   De pronto, mis dedos se enredan entre las cuentas de mi rosario. Me quedo inmóvil y asombrada. Lo saco lentamente y lo sostengo entre mis manos, mientras susurras…
   - Ahí la tienes, hija, ahí tienes a tu “habitación cerrada”. Míralo con tu corazón y hallaras la puerta.
   Pero no es tan fácil para mí el comprender.
   - Alcánzame Madre toda la fe que me falta para poder ver, en un simple cordón de cuentas, la profunda enseñanza de tu Hijo. Déjame entrar en Tu Corazón, para descubrir este hermoso secreto del Santo Rosario.
   Y mira mi alma, desde tu Corazón, el rosario que sostengo entre las manos. Y voy “entrando en él”, como caminando hacia su interior. Veo sus cuentas un poco gastadas. Cuentas que guardan secretos y lágrimas, súplicas y agradecimientos. Poco a poco ya no percibo el rumor de las conversaciones de las personas que me rodean. Comienzo a rezarlo, meditando en tu Corazón cada misterio. Lo rezo con el alma, mientras mis labios permanecen quietos para que nadie note que voy “caminando” ese camino de cuentas que me tiendes desde tu Corazón.
   El tiempo se fue rápido. Casi me toca el turno en la fila. El asombro se me escapa del alma a través de unas lágrimas que disimulo como puedo.
   Asombro, sí, Madre, asombro que siempre me dejas en el alma…
   -  Hija querida, me alegro que hayas abierto tu corazón para que así comprendas como, pidiendo más fe, puedes superar la “falta de tiempo” de la que te quejas. No era, como creías, “falta de tiempo”… no es el “tiempo” del reloj el que te quita el rezo del Rosario, ese momento privilegiado de oración, sino ese “reloj del alma” que se queda quieto mirando las cosas de fuera sin hacerse la necesaria pausa para alimentarse…
   Te vas mezclando entre la gente más no te vas de mi lado. Ahora sé que hay una “habitación cerrada”, tan pequeña y tan grande a la vez,  que puedo llevarla en mi bolsillo, pero sobre todo en mi corazón…
   Entrar en ella y cerrar la puerta es tratar de hacer ese silencio del alma, ese silencio tan necesario y útil para la meditación. Entrar a esta pequeña habitación es entrar a tu Corazón, Madre, para recorrer de tu mano, los camino de tu Hijo. Las “paredes” de esa habitación ya me conocen, saben de mis penas y alegrías, mis súplicas, mis angustias, mis esperas…
   Ahora comprendo porque me resulta tan difícil tomar un rosario ajeno para rezar. Siento que invado el espacio de mi hermano, que entro en un “lugar” que es de él… Claro, Madre, si estoy  entrando en “su habitación”…
   Gracias Madre Santísima por explicarme tan claro y fácil esta parte del Evangelio que hoy no comprendía…
   Gracias por enseñarme a suplicar mas fe que tiempo pues, con mi fe más fortalecida puedo multiplicar mi tiempo… con una fe más grade, el tiempo ya no es barrera… con una fe enraizada en tu Corazón puedo acercarme a la oración durante todo el día sin descuidar mis obligaciones ni mi descanso….
   Mira, Madre, que hermoso, aun me quedó tiempo en la fila para escribir este relato…

Maria Susana Ratero

NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón  por el amor que siento por Ella.”

  




Comentarios

  1. Respirar, aun enmedio de las aguas de la mar se hace reflejo y fácil a quien aprendió a nadar... Cual diariamente acontece entre las corrientes del Mar Del Plata... De manera similar se aprecia el valor del tenido en las narraciones de María Susana, pues mientras más la lees más profusamente reconoce el tacto de tu alma las dimanaciones de su espíritu narrativo. Gracias por nobilísima escritura. el_ju(Who?)

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