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Mostrando entradas de febrero, 2015

María y un “pequeño don de lenguas”

Aun tengo vivo en mi corazón el recuerdo de aquella Misa de Pentecostés, en la que se predicó sobre los dones delEspíritu Santo, entre ellos, el don de lenguas…    Recuerdo que me acerqué a tu Corazón, durante la homilía, para preguntarte acerca de este don, el cual consideraba tan lejano a mi corazón….    - Madre, no entiendo bien esto del don de lenguas… Para mí es muy lejano, no creo que tenga algo que ver conmigo… ¿Quienes son ahora, en mi vida, los partos, medos, egipcios, etc.?  Me asombra, si, pero no veo lugar para mí en esa escena…    Y aún resuenan en mi alma tus palabras… alentadoras, luminosas… que me llenaron de sorpresa, al tiempo que de calma y alegría…    - Hija querida, para ti, el don de lenguas puede ser hablarle a cada uno según pueda entender…    - ¿Y cómo es eso, Madre?    - Cada persona, cada alma, es especial y única… Los dones y las capacidades son diferentes y están distribuidos en cada uno según el designio de Dios, por tanto, al acercarte a tu hermano, si bien e…

María y la oración de Marta

No es la primera vez que escucho la lectura sobre Marta y María (Lc 10,38-42) , pero este domingo vuelvo a sentir esas palabras, en mi corazón, de un modo diferente.

   Tu imagen de Luján está cerquísima del sitio desde donde el sacerdote hace la Lectura, así que, como es mi  costumbre, corro a refugiarme bajo tu manto para entender mejor cada palabra santa…    No un “entender” soberbio y vanidoso, no, pues de nada me serviría para buscar la santidad, sino un entender sencillo, descubriendo que es lo que esas palabras me dicen a mí, hoy…    Y me llevas a la pequeña casa de Betania, justo cuando Marta ha comenzado a molestarse por la actitud de su hermana María.    - Mira, hija, y mírate a ti misma en su lugar, tantas veces…    - ¿Yo? ¿En su lugar? ¿Cómo? ¿Cuándo, Madrecita? Enséñame a ver, Madre, que muchas veces la ceguera del alma me lleva a errar caminos.    - Escucha la oración de Marta.    - ¿La oración? ¿Cuál oración? Más bien la veo muy molesta con su hermana.    - A ver, hija, ¿Qué cr…

Madre, donde está mi tesoro...

Donde está tu tesoro está tu corazón… Estas palabras, tan conocidas, se repiten en la Santa Misa hoy… parece sencillo, pero no lo es tanto, por lo que recurro a ti, Madrecita, como siempre:    - Y ¿Cómo hago, Madre? Si mi corazón se va, muchas veces, detrás de cosas que tienen disfraz de tesoros…. A veces me sorprendo con mi corazón puesto, confiadamente, en cosas pasajeras… ¿Cómo le pongo riendas a este corazón, para que esté en los tesoros eternos?    Y, mientras esto me pregunto, te miro serena en tu imagen de Luján… y tu respuesta me asombra y, a la vez, me tranquiliza…    - Dime, hija, la jaculatoria de tu Instituto… aunque tantas veces la has pronunciado hoy quiero que descubras en ella  tesoros escondidos…    Te respondo: - "Madre, en tu Corazón, mi corazón, todo lo que estoy haciendo y me pasa"    - ¿Ves hija? Es tan simple: pon tu corazón en el mío… y allí lo tendrás a resguardo de los tesoros engañosos… y no te angusties si no sabes distinguirlos, pues su apariencia a v…