viernes, 27 de septiembre de 2019

Oración a María de la Santa Lactancia


  María, madre mía,
tu sabes cuánta falta
me hace hoy tu compañía...

Para ir de tu mano
a visitar a Isabel
y aprender, a tu lado,
de lactancia y de bebés...

Para que me des la fuerza
que te sostuvo en Belén
amamantando solita
y con tanto que aprender...

Quédate conmigo, Madre,
que el bebé empieza a llorar,
llena de leche mis pechos
y enséñale a él a mamar...

Que no me falte, María
una Isabel para hablar
y que algún día yo sea
Isabel de otra mamá.

                                                         Autora:María Susana Ratero
                                                             susanaratero@gmail.com
(este poema se halla en mi segundo libro
"Palabras... bajo el manto de María"
publicado en febrero de 2011)


sábado, 29 de diciembre de 2018

Danza, devoción y camino


(Poesía en homenaje a los "chinos danzantes" de la Virgen de Andacollo)

Barreal tiene un secreto
que me acaba de asombrar,
¡oh Virgen de Andacollo!
¿Me lo puedes explicar?

¿Ves, hija, a esos "chinos" (1)
que me vienen a saludar?
Sin temores ni reparos
se acercan hasta el altar.

Con sus ropas me muestran
que me vienen a honrar,
todos iguales y distintos
como un hijo con su mamá.

Al escuchar que me dicen
que me han de acompañar
que serán mis custodios
hasta que vuelva al altar,
salta de gozo mi alma
y hasta me hacen olvidar
cuántas veces cada día
yo camino en soledad.

Su música sencilla
quizás el mundo no entienda
más, te aseguro, hija mía
que son notas eternas.

Voy saliendo en procesión
los "chinos" danzan para mí,
no hay alfombra mejor
que poderlos oír.

La fatiga los hostiga
para que dejen de bailar
y el diablo está furioso
pues no los puede parar.

Cuando los veo cansados
y aún bailan igual,
beso el alma de cada uno
y mi Hijo les da Su Paz.

Ya es tiempo de regreso
ya me escoltan al altar
y, en delicada ceremonia,
me empiezan a saludar.

Pero aún falta una joya
que engarce este collar
de danza amor y respeto
que me quieren regalar.

¿Viste tú a mis hijos
de rodillas entrar?
¡Hija si hubieses visto
a los ángeles cantar!

Muy pocos los veían
de rodillas avanzar
y los ángeles me traían
lo que venían a buscar.

¡Cómo no oírlos hija!
Si me hicieron recordar
los pastores que los ángeles
me trajeron en Navidad

Ya se despiden, hija,
ya se van...
con mi mano les saludo,
pero hay algo más...

Sin que ellos lo noten
los iré a acompañar,
cada día de sus vidas
hasta que vuelvan a bailar.

Aprende, hija, aprende
lo que te quiero enseñar
aprende de lo que has visto
para tu santidad.

Ellos se engalanaron
para venirme a acompañar
¿Cómo engalanas tu alma
cuando vas a comulgar?

Ellos danzan entre la gente
sin importar nada más,
nadie se interpone
entre mi amor y su danzar.

Ay hija! Si te he visto
en tu diario caminar
enredada en mil excusas
para venirme a visitar.

Dame la gracia, María
de seguirte en mi andar,
danzando danzas eternas
camino a la eternidad.

Autora:  MaríaSusana Ratero
susanaratero@gmail.com
(1) Los "chinos" danzantes son las personas que interpretan una antigua danza chilena en honor a la Santísima Virgen.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Esperando en el Sagrario

Por qué lloras, alma mía,
pequeños sueños de barro,
si tienes sueños eternos
esperando en el Sagrario.

Por qué sufres, alma mía,
por tus pies cansados,
si hay alivios eternos
esperando en el Sagrario.

Por qué buscas, alma mía,
destinos tan desolados,
si la eternidad está
esperando en el Sagrario

Por qué ansías, alma mía,
calmar tu sed en un charco,
si hay manantiales de agua viva
esperando en el Sagrario.

Pide la gracia, alma mía,
de amar siempre al Amado,
que por tu amor se ha quedado
esperando en el Sagrario.

Y llegarás hasta el Cielo
aun con tus pies de barro,
pues tus alas están
esperando en el Sagrario.

Autora: María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com

domingo, 18 de marzo de 2018

Con María, en la decimosexta estación de la Pasión

Asistir a Misa es, para mi corazón, como asomarme un ratito al Cielo…   Todo lo terrenal y temporal se queda a la espera en la puerta del Templo…    Nada es más importante, nada puede serlo….
   Esto no significa que se sumerja mi corazón en una amnesia estéril y egoísta. Llevo al altar “los gozos y las fatigas de cada día”, pongo, en la colecta, no sólo la limosna, sino también todo lo que soy, lo que tengo y a todos los que amo… Aquellos que se han encomendado a mis oraciones, están en mi súplicas y no ceso de pedir, para mí y para tantos, “las gracias que necesitamos y las virtudes que nos faltan”  al decir de la Beata Madre Tránsito Cabanillas…
   Ese dejar afuera lo terrenal, es pedir la gracia de concentrar toda mi atención en cada instante de la Santa Misa. No distraerme con detalles externos, ni conversar con la señora que se sienta junto a mí en el banco, como si estuviera esperando que inicie la película en el cine.
    Jesús está allí, en el Sagrario, todo lo demás puede esperar, todo lo demás debe esperar…
   No siempre tengo la gracia de tal disposición de ánimo. Pero más que tenerla, lo importante es desearla. Porque las gracias se dan a quien las pide. 
  Y hoy te pido esa gracia, María Santísima…mientras contemplo el Sagrario, que está en un mar de silencio. Jesús es silencio bajo la apariencia de pan. Es el mismo Jesús que acunabas en Belén… el mismo…. el mismo. El mismo cuya Pasión meditaremos esta noche en la Parroquia, recorriendo, con el corazón, las catorce estaciones del Via Crucis…
  Catorce estaciones. Y una decimoquinta a la que llegaremos el Domingo de Pascua.
  Y mientras estas palabras van naciendo en mi corazón, me quedo mirando fijamente el Sagrario, que es promesa de amor cumplida: “Estaré con ustedes, todos los días, hasta el último día”
   - Piensa, hija mía, medita serenamente cuánto dolor le cuesta a Jesus el cumplimiento de esta promesa. Pero aun desde el dolor, Él no se retracta.- y tu voz conocida, María, me pone un espejo frente al alma… para que me vea.
   - ¿Dolor, Madrecita? ¿Qué le duele a Jesus en el Sagrario?
   Me miras con ternura, aunque tus ojos están tristes por lo que vas a responderme…
   - El dolor de Jesús Sacramentado es…. tu olvido.
   Mi alma se sumerge en un silencio tan profundo como ese mar de silencio del Sagrario. Y no tengo respuestas. Ni una sola… no hay palabras, ni motivos, ni siquiera excusas mal armadas que me sirvan frente a ti, Madrecita, después de tus palabras… Mi olvido. Mi olvido que no es sólo una carencia de visitas. Mi olvido que es indiferencia cuando entro al Templo y, en lugar de un discreto saludo a quienes conozco, me explayo en palabras que sobran…
   Te miro, sin poderte explicar lo inexplicable.
   Y pienso que quizás al Via Crucis le falta agregar la decimosexta estación: La soledad de Jesús Sacramentado. Y  cuánto duele saber que esta estación nace de tantos olvidos que le hago llegar cada día, puntualmente…
   - Esta estación, hija mía, la vives en cada uno de tus días. No es meditar  hechos antiguos, sino una suma de distancias que tu corazón va trazando… tramo a tramo…día tras día. Pero lo maravilloso de la Misericordia de Dios, es que este tramo puedes desandarlo, cortarlo, hacerlo pequeño y finalmente, si pides la gracia, borrarlo…
   - Eso sí que sería bueno, Madrecita!!! Enséñame el modo en que pueda aprender a restar distancias, acortar caminos, aliviar su soledad, para que esta “decimosexta estación” no sea de dolor, sino de gozo para mi Señor…
   - No le olvides, hija, no le olvides. Que El sea el centro de tu amor y de tus pensamientos cuando entres al Templo. No permitas que ninguna mundana preocupación te arrebate este gozo perfecto de tu alma. Este tiempo es para adorarle, para amarle, para darle gracias y también para presentarle tu corazón con todas tus peticiones. Aún cuando pases por la vereda del Templo, apurada en tus quehaceres, dedícale una mirada, un gesto… ¡Hija mía, no pases como si nada!!! Como quien pasa ante un lugar común e indiferente. Ese pequeño gesto que tu amor le regala a Jesús Sacramentado, aún desde la distancia, no es en vano, sino que es, para Él, alegría y consuelo.. Y Jesús paga generosamente cada gesto de amor, con gracias para tu alma…Y si por alguna razón no pudieses cada día visitarle, sí puedes tomarte un momento de tu día y acercarte con tu corazón. Aun cuando la enfermedad te retenga en tu lecho, sabe que ninguna enfermedad puede retener tu alma, hija mía y tu alma tiene las alas que le da tu voluntad para postrarse ante cualquier Sagrario de este mundo…
     De a poco voy notando que el mar de silencio del Sagrario, tiene perfumes de eternidad, delicados aromas que, como perfecto bálsamo, van restaurando las heridas del alma…
    Si no me suelto de tu mano, María, es decir, si no se aleja de mis labios ni de mi corazón el Avemaría, sé que las alas de mi alma se desplegarán cada día hacia el Sagrario, desandando distancias, aliviando soledades, la de Jesús y, sobre todo, la mía…..
    Y como eco final de este momento, resuenan en mi alma algunas palabras de los Santos, acerca de la Eucaristía:
   “Tened por cierto que el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado, que en todos los demás ejercicios espirituales del día” (San Alfonso María de Ligorio)
   “Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa” (San Juan María Vianney)
 María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com
Nota de la autora: Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella.




viernes, 26 de enero de 2018

María Santísima, el Beato Cura Brochero y unas cumbres muy altas…

 (Este relato lo escribí mucho antes del anuncio de la Canonización del Cura Brochero)


   Por gracia de Dios estoy transitando el camino de las Altas Cumbres, en Córdoba, Argentina, rumbo al lugar donde ejerció su ministerio el Beato José Gabriel del Rosario  Brochero… el “cura Brochero” para los lugareños…
   Voy en auto, y los kilómetros pasan rápido. Mi alma, extasiada ante la belleza del paisaje, quiere irse a los días en que el viejo cura recorría estas montañas, metro a metro, a lomo de mula, sólo por un alma…
   De pronto se divisan, en un camino angosto que serpentea los cerros, un par de vaqueanos del lugar, a caballo.
   Y te pido me asistas, querida Madre para sacar fruto espiritual de este viaje, para no quedarme ni en el relato histórico ni en la letanía de pedidos, suplicando la intercesión del Beato, de la cual no dudo, pero sé que hay más, mucho más.
   - Piensa, hija- y te vienes a mi alma, como eco seguro de mis Avemarías- Tan altas y escarpadas cumbres, tan agrestes paisajes, tan inaccesibles parajes… todo fue traspasado, arrasado, inundado y vencido por un sólo hombre.
   - Un solo hombre- repito y miro los vaqueanos avanzar a paso lento, mientras a la tecnología del auto se le hace incomprensible el lento tranco de una mula.
   - Sí, un solo hombre, que no es lo mismo que un hombre solo- me recalcas, para que entienda la diferencia, mientras vienen al alma las imágenes conocidas del Beato Cura, subiendo las cuestas con la cruz en alto en su mano derecha y el rosario en la otra- Un sólo hombre pero armado como un ejército… un hombre cuyo medio de transporte era una mula. Aprende, hija, aprende….
   - Madre… perdóname, pero no veo aquí la enseñanza que quieres darme, porque es seguro que tú ves infinitamente más claro que yo.
   - Lleva esta escena a tu propia vida- me propones…. Y te quedas en silencio, esperando…. Esperándome...
   El tiempo ha pasado, he llegado a mi destino. He descansado y estoy en Misa. Acabo de recibir la Eucaristía en la Iglesia Nuestra Señora del Tránsito, de Villa Cura Brochero.
   Me arrodillo a disfrutar en el alma este momento. Justo frente a mí hay una estatua del cura serrano…    Cierro los ojos en oración y me sigues repitiendo, María: "aprende, hija, aprende"…
   De rodillas y con los ojos cerrados, me llevas, María, a ese paisaje agreste y desolado y, frente a un pequeño hilo de agua, veo que avanza el viejo cura, sobre su mula…
   Y mi alma se asombra, pero tú buscas que yo aprenda, no que me quede en el asombro.
   De pronto, el viejo cura toma las riendas de su animal y gira hacia mí… avanza, y su rostro se va haciendo cada vez más nítido.
   - ¿Qué es esto, María? ¿Qué me quiere decir el cura Brochero?
   - Pregúntale, hija, pregúntale a quien dedicó toda su vida a la predicación evangélica, al celo por la salvación de las almas.
   El viejo cura queda cerca de mí y me invita a subirme a su mula, mientras me dice:
  - Ha llegado el tiempo en que debes enfrentarte a una muralla en tu alma. Altas barreras que debes pasar en tu camino a la santidad. Veo que te parecen imposibles de cruzar con sólo verlas. No dejes que te asuste ni su altura ni lo escarpado de sus caminos. Ven conmigo, déjate guiar, yo las he cruzado. Yo las he vencido. He llevado a Jesús a través de ellas y las he atravesado tantas veces… ven hija, sube conmigo, es larga la travesía, difícil el camino, pero con María como estrella que nos guía, llegaremos… llegaremos… ven… sube…
   Y dentro de mi alma puedo ver cumbres más altas que éstas que rodean la parroquia. Cumbres que jamás pensé que iba a poder cruzar.
   Y la dulce voz de María resuena nuevamente en mi alma:
  - ¿Comprendes ahora, hija? Si te he traído a este lugar no es sólo para que veas a mi amado hijo, Jose Gabriel, como un personaje histórico, valiente y decidido, sí, pero lejano en tus días… No es para que vengas sólo a pedir su intercesión, lo cual es muy bueno, pero no suficiente para ayudarte a caminar en santidad. Te acerqué a mi hijo José Gabriel para que aprendas de él, de su perseverancia, de su fe, de su amor, de su entrega…. Para que aprendas que la oración será como tu mula, en las montañas del alma, para que, montada en ella, no te sea tan fatigoso el andar. Verás que, como al viejo cura, el sol de la fatiga muchas veces te resultara agotador y anhelarás la sombra… sombras que serán, en tu alma, los consuelos que te irá mandando el Señor para renovar tus fuerzas. Como a Brochero, el viento fuerte, frío e impiadoso se presentará ante ti desafiante y amenazador, pero aprenderás de él a buscar reparos, a llevar abrigos, a buscar un fuego donde calentarte… reparos y abrigos que hallarás en cada rosario. Él recorrió larguísimas distancias, sólo por un alma…
   Sigo de rodillas. Envuelta aún en los deliciosos perfumes de la Eucaristía. No quisiera que este momento acabase. Cuánta razón tienes, María. Y que simple y hermosa manera de enseñarme, dulce Maestra del alma.
   Las cumbres de mi alma siguen allí. Los vientos aún soplan, amenazantes y fríos. Pero algo ha cambiado. La profunda certeza de que no estoy sola. María me ha procurado un guía de lujo. Un guía sencillo y de palabras simples, que llegan a mi corazón, como suave brisa de esperanza.
   Las cumbres del alma, las escarpadas y las bellas, las difíciles y las inundadas de paz. A ambas me enseñará a llegar el Beato Brochero. Porque ambas son parte del camino a la santidad. Salgo de la Parroquia… llueve. Y mi alma no puede resistir a mirar ese cielo y esas gotas que bailan su antigua danza sobre la plaza frente a la Parroquia…
  - Es la misma lluvia, es el mismo cielo, son los mismos aires que respiró Brochero… La misma lluvia, el mismo cielo… no lo pudo alterar el tiempo- susurras María, a mi alma.
   Y siento que aún estás, viejo cura, para cuántos quieran seguir tu senda, para cuántos tengan, en su alma, más preguntas que respuestas.
   Vamos, viejo cura, hazme un lugar en tu mula. Vamos, llévame a través de esas cumbres tan altas, esas que duelen, pero también las otras, las que ansío. Será larga la travesía y sé que me tendrás muchísima paciencia.
  - ¿Traes tus cosas?- me pregunta Brochero. Busco en mi bolso. Suena la conocida música del tintinear de las cuentas del Rosario
   - Tengo esto- respondo, mostrándole mi pequeño tesoro-¿alcanza?
   - ¡Claro que sí!!!...en marcha…
   Y la pequeña mula nos va llevando, camino adentro del alma…
   Quizás la travesía dure toda mi vida, quizás mucho menos, no lo sé.
   María Santísima y el Beato cura Brochero tienen todo el tiempo para mí… Para vos… Para cada uno que quiera subirse a una simple mula serrana, con el Santo Rosario, como único e insustituible equipaje.
Autora María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com
Nota de la autora: Este relato sobre María Santísima ha nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella...


miércoles, 26 de julio de 2017

Carta a los abuelos de Jesús

Mis muy queridos Joaquín y Ana:
                                                     Mi nombre es… bueno, no importa… les escribo desde un banco de la parroquia en una inexplicable tarde cálida de julio (en Argentina, Julio es invierno).
                                                     Me avisó una amiga que el día 26 es su fiesta y, por ello, quise regalarles esta sencilla carta.
                                                     No hallo palabras para decirles "gracias". Gracias por haber sido tan dulces y ejemplares padres de mi amada María.
                                                     Usted, señora Ana, que habrá compartido con ella tantas tardes luego de intensas jornadas, ha sido una sencilla pero sabia maestra. Fueron sus manos (¿Las de quién, sino?) las que se unieron a las de Ella en un mar de harina, para enseñarle a amasar el pan. Fueron sus manos (¿Las de quién, sino?) las que apretaron fuerte las de Ella cuando el dolor, implacable, les invadía el alma. Fue su ejemplo (¿El de quién, sino?) el que ayudó a María a caminar los senderos de la contemplación simple, sencilla, la que está al alcance de cualquier mujer. Fue este santo ejercicio el que permitió a la Madre, años después, meditar en su corazón los misterios de la Salvación.
                                                     Fue usted, buena señora, la que son su ejemplo más que con sus palabras, le enseñó a María que ser mamá es la tarea más hermosa del mundo. Así, Ella, la veía a usted cuidar y ayudar a amigas y parientas cuando los embarazos venían difíciles en los caminos del alma. Y seguro en su casa los pequeñines siempre hallaron una rica sorpresa, increíblemente siempre lista, para sus sorpresivas y revoltosas incursiones.
                                                     Ustedes llevaron a la "llena de gracia" por las escalinatas del Templo tantas veces… Así, Ella fue conociendo que hace muchos años, un profeta llamado Isaías anunciaba que "…La Virgen está embarazada y da a luz un hijo…"y la profecía le inundaba el alma…
                                                     Usted, mi buen Joaquín, fue un hombre honesto y sencillo. ¿Quién, sino, habría sido digno de traer a este mundo a la "llena de gracia"? María le habrá contemplado, seguramente, tantos días al partir de la casa para "ganar el pan con el sudor de su frente". Y le habrá esperado de regreso y habrá corrido hacia usted con las mejillas sonrosadas y los ojos llenos de palomas blancas para abrazarle al regreso de la larga jornada. Y usted, la tomó en sus brazos y la alzó al cielo… tan ligera como una gacela, tan pura como una mañana.
                                                     "-Quisiera que el padre de mi hijo se le pareciera" le dijo un día Ella. Y usted casi no veía su rostro pues las lágrimas delataban que la jovencita le había besado el corazón.
                                                     "-Quisiera que mi hijo, un día, estuviese tan feliz de mí como yo lo estoy de usted, querida madre…" y sus palabras le hicieron sentir, Ana, que la vida es hermosa y los sacrificios y angustias de muchos años al criar los hijos, pueden desaparecer en un instante con frases como esa.
                                                     No quisiera terminar esta sencilla carta sin imaginar, por un momento, cuanto de ustedes llego al corazón de Jesús a través de María: Usted, mi buena Ana, seguro le alcanzó, desde más allá del tiempo, esa ternura por las pequeñas cosas de cada día, la cual, al llegarle desde el corazón de María, se transformaría luego en parábola, en camino…
                                                     Usted, don Joaquín, le dejó al mejor de los nietos la mejor de las herencias: El amor al trabajo. Así, a través de María y envuelto en las palabras y ejemplo del buen José, hallaría en Jesús el mejor de los depositarios.
                                                     Abuelos, abuelos, cuantas veces Jesús habrá dicho estas palabras… "-Extrañas a los abuelos ¿Verdad, Madre querida?"… "-A veces, Hijo, a veces… cuando la rutina desgasta y la soledad se torna compañera demasiado insistente. Cuando tú te vas a predicar lejos y yo te extraño, muchas veces siento que hubiera querido tener a mis padres cerca"… Y Jesús habrá mirado a María en silencio, sabiendo que había verdades que Ella comprendería más tarde, con la llegada del Espíritu Santo….
                                                     Para terminar les pido un favor. Abracen a todos los abuelos del mundo, en especial a los que se sienten solos. No importa si tienen nietos o no, pues hay una edad del alma en que la palabra "abuelo" se torna en caricia….
Desde Argentina
Un gran abrazo a los dos….

María Susana Ratero



Nota de la autora: Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella.

domingo, 2 de octubre de 2016

Milagro conocido


Poesía de María Susana Ratero
Hoy me postro en tu Presencia
en este recinto sagrado
donde me esperas,  sin tiempo,
Oh Jesús Sacramentado.

Jamás queda igual mi alma
después de haberte adorado,
siempre se lleva una gracia
como  lirio perfumado.

Y aunque mi alma no lo sepa,
aunque tarde en notarlo,
lleva tu abrazo prendido
cuan delicado humo blanco.

Y en tan prodigioso silencio,
en tal derroche de gracia,
hoy, te adoro extasiada
hoy, pero …¿y mañana?

Son escasas mis visitas
y tan cortas y apuradas,
que casi ni me doy tiempo
para escuchar que me amas.

¿Es que debes sangrar de nuevo
para asombrar mi alma?
¿Es que no me basta tu Sangre
oculta, silenciosa y blanca?
        
¿Qué pasa cuando no sangras,
cuando no asombras mi alma?
¿Qué pasa si eres silencio,
esperando mi mirada?

¿No te desangras, acaso,
en tanta espera ignorada?
¿No te lastima mi ausencia
como el filo de la espada?

Te agradezco los milagros
que me has regalado,
Lanciano y tantos otros,
que me han asombrado.

Más, necesito la gracia
de no esperar más milagro,
que mi Dios escondido
Prisionero del Sagrario.

Y ante la soledad que callas,
tan grande como el milagro,
no ansíe yo mas portento
que tu amor Sacramentado.

Y pueda  ver que el milagro,
repetido y cercano,
no por ser conocido
deja de ser milagro.

susanaratero@gmail.com

viernes, 10 de junio de 2016

¡Oh Jesús Sacramentado, oh mi Amor olvidado!...


En tu gloriosa Ascensión

tu promesa me has dejado:
Que estarías conmigo
hasta el tiempo  consumado.

Y por mi amor te has quedado
esperando en el Sagrario,
inmenso mar de soledad
que, por mí, has navegado.

Tan desolada espera
que te he regalado,
tanta suma de olvidos,
no caben en un Sagrario.

No hay quejas ni reproches
en tu silencio sagrado,
sólo tu inmenso Amor
por el mío esperando.

¡Oh, Jesús Sacramentado,
oh, mi Amor olvidado!,
¿Cómo he podido dejarte,
tanto tiempo abandonado?

Por cosas que ni recuerdo
no te he visitado,
ni siquiera en pensamiento
ante Ti me he postrado.

Triste escala de valores:
lo terrenal antes que lo sagrado,
eligiendo caminos
que llevan a ningún lado.


Hoy te pido una gracia
¡Oh, mi Amor Sacramentado!,
desde el Corazón de tu Madre
que jamás te ha olvidado.

Pues, de todos los Sagrarios,
fue el primero, el más amado,
virgen Corazón de Madre,
arrullo, caricia y canto.

Con la fidelidad de Ella,
¡Oh, Señor de los altares!,
de rodillas yo te adore
la vida que me restare.

Y entender, al menos algo,
de este Amor enclaustrado,
entre pequeñas paredes
que no pueden encerrarlo.

Y entendiendo te conozca
y conociéndote, ¡Oh Amado!,
quede extasiada mi alma
sólo con saberte cercano.

Que la prisa no me tiente,
ni me engañe lo mundano:
Eres el mismo Cristo
que caminó hasta el Calvario.

Por eso, ante tu Presencia,
el mundo se queda a un lado,
y rendida ante tus plantas
disfruto tu Amor, Amado.

                             Autora: María Susana Ratero
                            susanaratero@gmail.com
                            susanaratero@yahoo.com.ar

lunes, 2 de mayo de 2016

Metro a metro, por un alma

Poesía en homenaje 
al Pbro. José Gabriel del Rosario Brochero, 
argentino y cordobés,
que será canonizado el 16 de octubre de 2016, en Roma.
Hace más de cien años
llegaste a esta tierra serrana
José Gabriel del Rosario
“Señor Brochero”, que te llamaban.
Las altas y frías cumbres
no te amedrentaban,
fuego en tu alma era el celo
por la salvación de otras almas.
El paisaje, agreste y duro,
silencioso contemplaba
tu tranco lento, Brochero
en tu mula “Malacara”.
Altas cumbres escarpadas,
Brochero, las que cruzabas,
despacito, metro a metro
y tan sólo por un alma.
Eran altas las cumbres,
pero no más que las del alma,
y ahí subías Brochero
y esa fue tu gran hazaña.
Esas cumbres escondidas
ésas, que anhelabas,
no eran de piedra y yuyo,
eran las cumbres de un alma.
Y a tan alto destino
“Malacara” no llegaba
a otra cosa debías treparte,
cura  gaucho, para alcanzarlas.
Y el rosario fue tu mapa
y tu abrigo la Palabra,
así subías, Brochero,
y no te desanimabas.

Despacito, metro a metro
así llegaste a las almas,
qué difíciles esas cumbres
cuando estaban cerradas.
En la dura travesía
La Purísima te acompañaba,
pues  sabías, Brochero,
que no hay cumbre escarpada,
ni tormenta ni nevada,
que le impidan a María
besar las cumbres de un alma.
Al  llegar a esa cumbre,
que era un alma que esperaba
la redención del Señor,
tantas veces anhelada,
plantaste en ellas banderas
de conversión y esperanza.
Y por esas cumbres trepadas
vos llegaste a la más alta,
a ésa que desde antaño
el mismo Dios te preparara.
Y hoy eres santo, Brochero,
y desde esa cumbre tan alta
eres mapa y camino
en la santidad de otras almas.
Te pido la gracia, Brochero
de no perder la confianza
sabiendo que metro a metro
se sube despacio al alma.
Y en ésta que me fue dada,
allá en la cumbre de mi alma,
sea yo también camino
de conversión y esperanza.

María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com

martes, 18 de agosto de 2015


Estos versos nacieron en mi corazón
 al observar una copia
 de la Sabana Santa 
que llego a la Iglesia Catedral
 de mi ciudad en estos días….. 
Así, sin título…
 solo unos versos…

                              17-8-2015                       
                                    (María Susana Ratero         susanaratero@gmail.com)



Permíteme Señora mía
unos simples versos
pues a la Sábana Santa
se le ha escapado un secreto

Ella guarda en silencio,
desde hace tanto tiempo,
marcas que no se ven
lágrimas que se escondieron

Al bajarlo de la Cruz
en tus brazos lo pusieron
y tus lágrimas acariciaban
aquel Rostro muerto

Tus brazos lo estrechaban
como cuando en Belén, pequeño
le acunabas despacito
para no alterar su sueño

Sus ojos no te miran
y no te ampara su aliento
yace entre tus brazos
Jesús, muerto

José de Arimatea
junto con Nicodemo
lo envuelven en la Sábana
que ha desafiado al tiempo

Ya no ves su rostro
sólo un blanco lienzo,
quien sabe por quién tejido
eso, también es secreto

Entre Su piel y tus labios
se impone un blanco silencio
que se bebe tus lágrimas
tus abrazos, tus besos…

Y allí quedaron por siempre
su Sangre y tus besos
entre los blancos hilos
de un misterioso lienzo

Tu silencioso dolor
es un grito de esperanza
que se funde en un abrazo
en la muda sábana blanca

Y fue el último abrazo
y fue el último beso
y la última caricia
que tus manos le dieron

y allí quedo en el sepulcro
cuando la piedra corrieron
Su Cuerpo y tu dolor
en una sábana, envueltos

Y aquel glorioso Domingo
donde venció a la muerte, la Vida
hubo una flor escondida
que un ángel se llevó al cielo

Eran tus lágrimas, Madre
eran todos tus besos
que Jesús te devolvía
en un abrazo perfecto

María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com






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