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Oración a María de la Santa Lactancia

María, madre mía,
tu sabes cuánta falta me hace hoy tu compañía...
Para ir de tu mano a visitar a Isabel y aprender, a tu lado, de lactancia y de bebés...
Para que me des la fuerza que te sostuvo en Belén amamantando solita y con tanto que aprender...
Quédate conmigo, Madre, que el bebé empieza a llorar, llena de leche mis pechos y enséñale a él a mamar...
Que no me falte, María una Isabel para hablar y que algún día yo sea Isabel de otra mamá.
                                                         Autora:María Susana Ratero
                                                             susanaratero@gmail.com
(este poema se halla en mi segundo libro
"Palabras... bajo el manto de María"
publicado en febrero de 2011)


Danza, devoción y camino

(Poesía en homenaje a los "chinos danzantes" de la Virgen de Andacollo)

Barreal tiene un secreto
que me acaba de asombrar,
¡oh Virgen de Andacollo!
¿Me lo puedes explicar?

¿Ves, hija, a esos "chinos" (1)
que me vienen a saludar?
Sin temores ni reparos
se acercan hasta el altar.

Con sus ropas me muestran
que me vienen a honrar,
todos iguales y distintos
como un hijo con su mamá.

Al escuchar que me dicen
que me han de acompañar
que serán mis custodios
hasta que vuelva al altar,
salta de gozo mi alma
y hasta me hacen olvidar
cuántas veces cada día
yo camino en soledad.

Su música sencilla
quizás el mundo no entienda
más, te aseguro, hija mía
que son notas eternas.

Voy saliendo en procesión
los "chinos" danzan para mí,
no hay alfombra mejor
que poderlos oír.

La fatiga los hostiga
para que dejen de bailar
y el diablo está furioso
pues no los puede parar.

Cuando los veo cansados
y aún bailan igual,
beso el alma de cada uno
y mi Hijo les da Su Paz.

Ya es tiempo …

Esperando en el Sagrario

Por qué lloras, alma mía,
pequeños sueños de barro,
si tienes sueños eternos
esperando en el Sagrario.

Por qué sufres, alma mía,
por tus pies cansados,
si hay alivios eternos
esperando en el Sagrario.

Por qué buscas, alma mía,
destinos tan desolados,
si la eternidad está
esperando en el Sagrario

Por qué ansías, alma mía,
calmar tu sed en un charco,
si hay manantiales de agua viva
esperando en el Sagrario.

Pide la gracia, alma mía,
de amar siempre al Amado,
que por tu amor se ha quedado
esperando en el Sagrario.

Y llegarás hasta el Cielo
aun con tus pies de barro,
pues tus alas están
esperando en el Sagrario.

Autora: María Susana Ratero susanaratero@gmail.com

Con María, en la decimosexta estación de la Pasión

Asistir a Misa es, para mi corazón, como asomarme un ratito al Cielo…   Todo lo terrenal y temporal se queda a la espera en la puerta del Templo…    Nada es más importante, nada puede serlo….    Esto no significa que se sumerja mi corazón en una amnesia estéril y egoísta. Llevo al altar “los gozos y las fatigas de cada día”, pongo, en la colecta, no sólo la limosna, sino también todo lo que soy, lo que tengo y a todos los que amo… Aquellos que se han encomendado a mis oraciones, están en mi súplicas y no ceso de pedir, para mí y para tantos, “las gracias que necesitamos y las virtudes que nos faltan”  al decir de la Beata Madre Tránsito Cabanillas…    Ese dejar afuera lo terrenal, es pedir la gracia de concentrar toda mi atención en cada instante de la Santa Misa. No distraerme con detalles externos, ni conversar con la señora que se sienta junto a mí en el banco, como si estuviera esperando que inicie la película en el cine.     Jesús está allí, en el Sagrario, todo lo demás puede esper…

María Santísima, el Beato Cura Brochero y unas cumbres muy altas…

(Este relato lo escribí mucho antes del anuncio de la Canonización del Cura Brochero)
Por gracia de Dios estoy transitando el camino de las Altas Cumbres, en Córdoba, Argentina, rumbo al lugar donde ejerció su ministerio el Beato José Gabriel del Rosario  Brochero… el “cura Brochero” para los lugareños…    Voy en auto, y los kilómetros pasan rápido. Mi alma, extasiada ante la belleza del paisaje, quiere irse a los días en que el viejo cura recorría estas montañas, metro a metro, a lomo de mula, sólo por un alma…    De pronto se divisan, en un camino angosto que serpentea los cerros, un par de vaqueanos del lugar, a caballo.    Y te pido me asistas, querida Madre para sacar fruto espiritual de este viaje, para no quedarme ni en el relato histórico ni en la letanía de pedidos, suplicando la intercesión del Beato, de la cual no dudo, pero sé que hay más, mucho más.    - Piensa, hija- y te vienes a mi alma, como eco seguro de mis Avemarías- Tan altas y escarpadas cumbres, tan agrestes paisajes…

Carta a los abuelos de Jesús

Mis muy queridos Joaquín y Ana:                                                      Mi nombre es… bueno, no importa… les escribo desde un banco de la parroquia en una inexplicable tarde cálida de julio (en Argentina, Julio es invierno).                                                      Me avisó una amiga que el día 26 es su fiesta y, por ello, quise regalarles esta sencilla carta.                                                      No hallo palabras para decirles "gracias". Gracias por haber sido tan dulces y ejemplares padres de mi amada María.                                                      Usted, señora Ana, que habrá compartido con ella tantas tardes luego de intensas jornadas, ha sido una sencilla pero sabia maestra. Fueron sus manos (¿Las de quién, sino?) las que se unieron a las de Ella en un mar de harina, para enseñarle a amasar el pan. Fueron sus manos (¿Las de quién, sino?) las que apretaron fuerte las de Ella cuando el dolor, implacable, les invadía el alma…

Milagro conocido

Poesía de María Susana Ratero Hoy me postro en tu Presencia en este recinto sagrado donde me esperas,  sin tiempo, Oh Jesús Sacramentado.
Jamás queda igual mi alma después de haberte adorado, siempre se lleva una gracia como  lirio perfumado.
Y aunque mi alma no lo sepa, aunque tarde en notarlo, lleva tu abrazo prendido cuan delicado humo blanco.
Y en tan prodigioso silencio, en tal derroche de gracia, hoy, te adoro extasiada hoy, pero …¿y mañana?
Son escasas mis visitas y tan cortas y apuradas, que casi ni me doy tiempo para escuchar que me amas.
¿Es que debes sangrar de nuevo para asombrar mi alma? ¿Es que no me basta tu Sangre oculta, silenciosa y blanca? ¿Qué pasa cuando no sangras, cuando no asombras mi alma? ¿Qué pasa si eres silencio, esperando mi mirada?
¿No te desangras, acaso, en tanta espera ignorada? ¿No te lastima mi ausencia como el filo de la espada?
Te agradezco los milagros que me has regalado, Lanciano y tantos otros, que me han asombrado.
Más, necesito la gracia de no esperar más milagro, que mi Dios esc…