miércoles, 22 de febrero de 2012

María y la morada de Jesús…. (Juan 1,35-39)

  

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 Despuésde haber escuchado la lectura de la Misa, en la que dos discípulos de Juan Bautista se acercan a Jesús para seguirle, me he quedado meditando en las circunstancias de lo ocurrido….
  Le preguntan ¿Dónde moras? y a la invitación del Maestro “vengan y lo verán” ellos responden siguiéndole “fueron pues y, viendo donde vivía, se quedaron con El”…
   Este detalle, de que recién  después de “ver  donde vivía” deciden quedarse con El, me ha llegado al alma, pues se que al llegar a la casa de Jesús, te hallaron, Madre….
   Hace varios días que esta escena da vueltas en mi corazón y aunque mucho te he preguntado acerca de ella, no he llegado a encontrar respuesta…. Segura de que sacaras de mi pedido el mejor fruto, te digo en oración: “Madre, si tu quieres que escriba acerca de esto, pues asísteme, porque yo no veo más que asombro de mi parte ante la belleza de la escena, pero no puedo traerla a mi propia vida, a mi deseo de servirte…”
   Y, como siempre, no te haces esperar… en un claro de la tarde mientras miro la arboleda del patio de mi casa, me invitas a vivir contigo ese momento…
   Mi corazón se trepa al tuyo y te sigo, en la plena confianza de que hallare respuesta…
   Me conduces al lugar donde estás viviendo con Jesús, al que pronto llegará con sus discípulos…
   Es un lugar sencillo y sin nada de lujos, pero se respira en él una paz infinita. Todo allí está en orden y se nota tu trabajo, María…
   Cuando llegamos te apresuras a atenderme como la más distinguida de tus huéspedes…
-          ¿Cómo estas hoy hija?, cuéntame- me dices porque quieres que aprenda a escucharme y discernir entre el camino que lleva a tu Hijo y los otros….
-          Pues, no dejando nunca de pedirte me alcances la serenidad del alma, esa paz profunda aun en medio de las tormentas, esa paz que me hace ver el faro y el camino aun en medio de la borrasca, para que ésta no me trague… Gracias por escuchar mi oración de estos días, pues sabes que esta escena en la vida de Jesús me ha llegado mucho, pero no logro hallar manera de sacar de ella frutos para mi vida y la de mis hermanos….
   Mientras me sirves delicadamente algo para comer y beber, me siento casi en el Paraíso… me tratas con tanta dulzura, me escuchas, me enseñas, me consuelas, me muestras caminos… jamás me dejas sola….
   En tanto disfrutamos juntas de los alimentos, que tienen un inequívoco sabor a ti, se escuchan las voces de Jesús y los dos futuros apóstoles…
-          Madre, allí vienen, ¿Qué hago?
-          Pues nada hija, tú sigue allí, que ellos no te verán, este es un viaje del corazón…
   Confiando plenamente en tus consejos no me muevo de mi sitio. Jesús hace su entrada y siento que me tiembla el alma ante su belleza, serenidad y la fuerza de su presencia… dos hombres lo siguen.
-          ¿Ven? Esta es mi morada por estos días….- les dice el Maestro al entrar
   Los hombres se quedan mirando el sencillo lugar y, como no podía ser de otra manera, reparan en tu presencia silenciosa, María. Ven en este sitio mucho más que paredes y algunos muebles, ven un hogar seguro, un sitio donde saben podrán encontrar respuesta a todas las preguntas de su alma.
   Te apresuras  a atenderlos, María y les sirves algo de comer y beber. Ellos aceptan gustosos y disfrutan, junto a Jesús, del pequeño refrigerio. Se sienten atendidos y contenidos. Tu mirada y tu cariño les llega al alma. Jesús les empieza a hablar y ellos le escuchan con gran atención. El momento es tan fuerte para ellos…  la Eterna Sabiduría les muestra caminos y se brinda a ellos, dentro de un pequeño recinto, ordenado y fresco, siempre con sitio para quien quisiera ir. Con una mujer de exquisita prudencia y mirada de cielo, no por el color de sus ojos, sino por lo que estos dejan en el ama que se zambulle en ellos…. Así pues, luego de ver donde el Maestro vivía, los hombres toman la decisión….
-          Maestro, nos quedaremos contigo….
   Es como si ver el lugar hubiera sido el paso que necesitaban para seguirlo... y al llegar y ver en ese sitio a María ya no tuvieron dudas... porque cuando el alma se encuentra con María y siente su paz y ve que esa paz viene de Dios, el alma ansia quedarse allí, para aprender de Ella a  conservar esa paz....
   Me miras Madrecita y me pides nos vayamos fuera. Te sigo. Nos alejamos un poco del lugar y me preguntas:
-          ¿Has hallado la respuesta que buscabas?
-          Yo… lo siento, Madre, pero no la he hallado. Fue hermosa la escena, lo que viví, lo que vi, pero no sé cómo llevarla ahora a mi vida diaria… Ayúdame Madre mía a sacar el mejor fruto de lo que me has mostrado….
-          Hija querida, tienes que ir y tratar de que esta escena se repita muchísimas veces….
-          ¿Esta escena? ¿Cómo Madre? Discúlpame, pero sigo sin comprender  ¡Ay Madre, gracias por tu gran paciencia para conmigo!
   Me miras con infinita dulzura, como miraste a los amigos de Jesús. Esa dulzura que es como abrazo cálido al alma….
-          Te explicare. Esos hombres oyeron hablar de Jesús. Estaban en búsqueda. Se le acercaron y le preguntaron donde vivía. Jesús les trajo y ellos ya no quisieron irse…. Esto mismo pasa cerca de ti muchas veces. Hay  personas que están en búsqueda,  que oyen hablar de Jesús y necesitan un lugar para ir a encontrarse con Él. Tu parroquia es un perfecto  lugar para ese encuentro, ya que desde el Sagrario, Jesús les mira entrar….¿ Recuerdas como te sentiste atendida y contenida al llegar a la casa hace un momento?
-          Si Madre, bien lo recuerdo, fue un remanso de paz para mi alma, salí de allí con mucha paz…
-          Bien hija, lo mismo ha de sucederle a quien te pregunte donde puede hallar a Jesús. Deberás mostrarle que vive en tu parroquia, (además de en cada corazón que le quiera recibir)… tu hermano te seguirá para ver. Tienes que asegurarte de que tendrá una cálida acogida, un saludo, un abrazo, una palabra, un lugar… Debe ser tal el recibimiento, no por lo pomposo, sino por lo lleno de amor, que este hermano que hoy pregunta por Jesús, decida “quedarse con Él” luego de visitar tu parroquia….La parroquia no es solo el párroco, sino todos los feligreses que asisten a Misa y hallan en ella un lugar donde hablar con Jesús…. Tú eres parte de la parroquia. ¿Qué haces para que los nuevos hermanos que llegan se sientan con la necesidad de “ya no seguir buscando, pues han encontrado su lugar”? ¿Cómo te relacionas con los miembros de tu parroquia para que todos hallen amor y amistad, palabras y silencios que les vayan ayudando a caminar su propio camino hacia mi Hijo?
Si ves un hermano que no conoces y está llorando al final de la Misa ¿Pasas de largo? ¿Le dices una palabra de le ayude a poner su confianza en Jesús? ¿Le abrazas, aunque más no sea, para que en el silencio de un abrazo de hermana, sienta que no está solo frente a su dolor? Si haces estas cosas, por pequeñas que sean, si las haces siempre, no solo cuando te queda cómodo, o fácil…  si las haces aún cuando andas apurada, pues una sonrisa y una palabra amable se dice en un pequeño momento ( ¿Qué tanto te urge en el exterior para dejar a un hermano solo con sus lágrimas, o con su soledad? ) Entonces la escena bíblica ha de repetirse más veces de las que imaginas…Piénsalo, hija, piénsalo y medítalo en tu corazón…
   Me quedo asombrada ante tus palabras. Es tan cierto lo que dices. Muchas veces pase de largo o salí apurada de la Misa saludando solo a algunos. ¡Cuánto debo aprender de ti, Madrecita! Cuánto debo aprender de tu actitud ante los discípulos de Jesús. Era una actitud serena y silenciosa, sin ostentaciones. Pero era una actitud de cariño y compañía, de presencia, de saber que allí “había alguien”. Si Jesús había salido, podían esperarlo junto a ti, en la plena seguridad de que, mientras estuvieran contigo, seguro iban a hallarle.
   Me llevo este tesoro de tu enseñanza listo para poner en práctica en la próxima Misa, y para contarlo a mis amigos y que  ellos también te imiten, así, nuestra parroquia no solo tendrá abiertas sus puestas, sino también su corazón…..o mejor dicho, sus brazos, porque si bien el corazón de la Parroquia es Jesús, nosotros, los feligreses, somos sus brazos para recibir, a quien viene, con un abrazo, somos su voz, para predicar Su Palabra, somos su mirada, para dar serenidad, somos sus pasos, para acompañar a otros por el camino….
-          Inténtalo, hija, te aseguro te sorprenderás. No te decepciones por lo que algunas veces sentirás como falta de respuesta en el hermano. A veces la pena es grande y no les deja escuchar, a veces los tiempos de uno y de otro son distintos. Pero tu siembra, siembra siempre en tu parroquia y fuera de ella… y no esperes la cosecha, porque toda semilla lleva su tempo de germinación… Te ofrezco mi compañía en esta tarea. Llámame con tu corazón cada vez que la hagas y yo pondré lo que a ti te falta….
-          Gracias Madre!!!! Inmensas gracias… si, bien dices, sola no podría, pero si tú me acompañas, entonces sí podre…. Una duda, Madre, ¿Cómo te llamo para que vengas lo más rápido posible?
-          Estoy a la corta distancia de un Avemaría….
-          Es cierto Madre, es cierto…. Un Avemaría para llamarte es como ir a refugiarse bajo tu manto y llegar, así, protegida, enseñada y cuidada…. Sé que te llamare muchísimas veces… sé que en cada llamada estarás  conmigo….
   Volvemos a la arboleda del patio de mi casa, me quedo con el alma llena de asombro, gozo y muchas ansias de poner en práctica tu sencilla pero profunda enseñanza….


   Hermano, hermana, que has venido conmigo en este viaje al Corazón de María… Ella cuenta con tus brazos, con tus palabras, con tus pasos, para recibir y acompañar a cada hermano que llega…cuenta contigo y con cada miembro de tu parroquia, ya sea que tenga cargos en ella o sea un simple feligrés. Así, la escena bíblica se repetirá tantas veces como corazones generosos estén dispuestos a ser canal del amor de María por sus hijos, que no es otra cosa, que el amor de Jesús por cada uno de nosotros…

María Susana Ratero
NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón  por el amor que siento por Ella.”

miércoles, 19 de octubre de 2011

Con María y la viña en mi alma

   Este domingo de octubre mi alma espera ansiosa el comienzo de la Santa Misa. Sé, porque lo he vivido muchas veces, que saldré alimentada, no sólo por la visita de Jesús, que vendrá a mí en la Eucaristía, sino también por la Santa Palabra…. La palabra de Dios, se me acerca en la primera parte de la Misa, mostrándome caminos y luego en la Eucaristía, dándome la fuerza y la perseverancia para caminarlos.
   La lectura de hoy nos habla del dueño de casa que planto una viña (Mt 21,33  Is 5,1), la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre…
  Escucho, con la mirada y el corazón fijos en tu imagen de la Inmaculada Concepción. Tengo la plena seguridad de que, estando en Tu Corazón no solo entenderé mejor, sino que podre llevar la Palabra a mi día a día…
   - ¿Escuchas?- me sorprendes amorosamente- están hablando de ti…
   - ¿De mí, Madre? Pero…. Si hablan de una viña ¿Qué tiene que ver una viña conmigo?
   - Escucha con atención…- y por un delicado regalo tuyo la Palabra vuelve a repetirse en mi alma, como si se hubiera quedado en espera, entre las paredes del Templo y, a una orden tuya, vuelan prontas a mi corazón….
   - Por caridad, explícame, Madre, que no entiendo…
   - Hija mía, tu alma, el alma de cada amado hijo es la tierra donde el dueño planto su amada viña…
   Me tomas de la mano y susurras:
   - Ven, que te muestro
   Y me enseñas a caminar hacia el interior de mi alma y, para mi asombro, hay allí una viña…
  - Madre ¡Que maltrecha está! ¿Qué le ha pasado?
  - Repasemos juntas la Escritura, hija mía… “El dueño de casa plantó una viña” o sea, esto que ves, ha sido plantado por Dios el día de tu bautismo….
   Haces un pequeño silencio para que pueda ir yo asimilando, paso a paso… hasta estos exquisitos detalles tienes para conmigo
   - Continuemos, hija- y las paredes del Templo, a tu orden, repiten la siguiente frase: “la rodeó de una cerca” -¿Ves la cerca en tu alma, hija?
     Comienzo a ver una cerca con varios postes derribados…. Más, en las partes sanas, puedo observar que han quedado, en el  exterior, muchos dolores y penas, muchas envidias y pasiones desordenadas que no pudieron entrar a la viña y, como ave de rapiña, arrasar con cuanto hallaren a su paso….
   Veo, en cambio, en las partes derribadas, que las plantas del interior de la viña fueron casi despedazadas
   - ¿Qué ha ocurrido, Madre? ¿Por qué este desastre en la viña de mi alma?
   - Porque no has mantenido sana la cerca… Se ha debilitado y los intrusos espirituales la pasaron sin mayor esfuerzo… y…ya ves los resultados…
   - ¿Intrusos espirituales, Madre? ¿Qué es eso?
   - Son todas las tentaciones, hábilmente disfrazadas, que se presentaron en el exterior de la cerca… Al ver su debilidad, entraron… al cruzarla, perdieron su disfraz, y puedes ver ahora sus rostros y sus obras…
   -¡Qué enorme pena, Madre querida! ¡Qué tremendo desastre! Y ni siquiera sé como ha ocurrido…
   - ¿Segura que no lo sabes hija? Mira cada planta, y al intruso que la ha dañado y recordarás…
   Me acerco lentamente a aquellos espacios de mi alma que aun duelen… y voy viendo mis errores, mis malas elecciones... Pero aun no comprendo como algunas pasaron y otras, en cambio, no pudieron saltar la cerca…
   - Aprende, hija, a conocer la cerca, así sabrás como cuidarla, como tornarla fuerte para que no entren más intrusos y la viña de tu alma pueda producir los frutos  que Su Dueño espera…
   La cerca… la cerca con que el Señor rodea mi viña…. La cerca es ¡mi fe! Sí, mi fe, esa fe que, como don precioso, puso el Señor en mi alma. Esa fe es la que me lleva a la oración… oración que es súplica y agradecimiento. Oración hecha en medio del dolor o del alivio. Oración tranquila y otras veces apurada. Oración unas veces meditada y otras… otras solo es nombrarte, Madre, nombrarte para que le lleves al Señor mi súplica porque el  alma  ya no tiene fuerzas para mas…
¡Veo ahora que mis momentos de oración perseverante me han protegido tanto! ¡De cuántas cosas me ha salvado esta cerca! ¡De cuánto me ha resguardado!
   En cambio, cuando he pensado que ya “he orado suficiente” y mi alma abandonó ese “estado de oración”  que la hacía nombrarte aún en silencio…aún en medio del diario trajín, los quehaceres, los apuros y el reloj que camina, a veces, demasiado rápido… Cuando el alma quiso “arreglarse sola” ¡¡¡Así le fue!!!
   Y te miro con infinito agradecimiento por enseñarme que hay una cerca en mi alma que debo mantener siempre firme y sana…
   - Hablemos ahora del lagar, que cavó en tu alma el dueño de la tierra…Cuando los frutos estén listos, irán al lagar, para ser apisonados y comenzar el proceso del vino…. Pero si los frutos buenos se mezclan con los amargos ¿Qué vino resultara?
   Veo, Madrecita, que mis buenos frutos han sido agriados por otros amargos…. De nada me ha valido complacerme en mis buenos frutos si no he cuidado de quitar los malos… si no he tratado de que todas las plantas de la viña den fruto bueno, no sólo para que el vino sea más abundante, sino para que sea de buena calidad….¿Cómo se hace eso, Madrecita?
   - Para eso el Señor plantó la torre de vigilancia…. Si alimentas la tierra con la frecuencia de los Santos Sacramentos, Confesión y Eucaristía, y mantienes la cerca fortalecida, el alma dará los frutos según la variedad de planta que tenga sembrada, es decir, según los dones que le hayan sido dados… por tanto, debes poner atención en tus dones y no andar comparándote con los de otros… cada uno ha de rendir cuenta por su propia viña…La torre de vigilancia te ayudara a ver más lejos, cuando los intrusos espirituales se estén acercando… no esperes a que golpeen la cerca, puede que hallen alguna fisura en ella y penetren…. Acostúmbrate a utilizar la torre… así, cuando los divises, la fuerza de tu oración  los hará retroceder…
   -¿Me podrías decir cuál es la torre en mi alma, Maria?
  - Con gusto pequeña…. La torre en tu alma es la dirección espiritual… ese contacto frecuente con tu sacerdote guía, que te permitirá discernir cual es la voluntad de Dios en tu vida… es ese mantenerte cobijada en el corazón de la Iglesia  que, como Madre y Maestra, te va guiando, enseñando, instruyendo, alimentando… así, desde esa santa torre, podrás ver los intrusos  espirituales cuando se vayan acercando… podrás fortalecer tu cerca para que no te seduzcan sus disfraces y así, proteger tu viña y sus frutos… Cuida tu viña, hija mía, mientras aún puedes hacerlo… un día ya no podrás… cuando llegue la última cosecha ya no podrás hacer más nada por tu viña
   - Explícame esto Madre….
   - En el último día de tu vida, cuando llegue tu hora, cuando seas llamada a la presencia del Padre, iras con tu viña tal como se halle en ese momento, ya no te será permitido restaurar ni su cerca, ni su torre ni sus plantas… Por eso es que debes mantener tu alma en estado de gracia… para eso tienes los Santos Sacramentos… utilízalos, son fruto del Amor del Padre por cada hijo… Tienes la oración, para suplicar las gracias que necesites y las virtudes que te falten… para suplicar la constancia y la paz… tienes los medios para mantener tu viña en buen estado… Aún cuando falles, cuando caigas, cuando no sepas o no puedas mantener la cerca en condiciones, aún allí tienes la oración para suplicar la Misericordia de Dios, que se derramará como lluvia generosa sobre tu viña y la hará florecer con frutos nuevos…

   Me quedo en silencio, meditando tus palabras… sé que me llevará tiempo comprender y seguramente volveré con más preguntas a tu Corazón…. Cerca y torre, preguntas y penas, plantas y frutos, amores y fe… y toda mi vida… todo junto en mi alma… y tu mano Madre, tu mano que se extiende generosa hasta mi corazón, para enseñarme a restaurar cercas, a trepar torres, a suplicar misericordia…. A caminar hacia tu Hijo… gracias Madre, gracias por enseñarme la profundidad de esos pocos renglones de la lectura… Aún tengo mucho que meditar, mucho que aprender… Sé que estas allí, esperando mis preguntas y ofreciéndome tus abrazos….

    La Misa ha terminado…. La plaza frente a la Catedral está inundada de exquisito perfume….quizás…. quizás es tu abrazo Madre, tu abrazo, perfecta labradora de viñas eternas….

María Susana Ratero
NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón  por el amor que siento por Ella.”


domingo, 2 de octubre de 2011

María y los sembradores del alma

   - Madre, hoy necesito conversar contigo acerca de la parábola del sembrador- te digo mientras transcurre una mañana en la oficina….
   Y me quedo en espera… en espera de que se haga un momento del alma en que pueda escuchar tu respuesta….
    Y el momento llega, pues siempre llegan los momentos que te pido, Madrecita, para aprender y comprender mejor las enseñanzas de tu Hijo… que yo recuerde, jamás me dejaste sin respuesta, mas bien he sido yo la que muchas veces no te he prestado atención….
   -Pues, conversemos entonces, hija mía
   - Verás, Madre- y el saber que me escuchas es gozo profundo para mi alma- hace varios domingos se ha leído en Misa la parábola del sembrador…
   - Hermosa parábola, en verdad, hija querida, espero tu alma saque de ella el mayor fruto posible  para la salvación de tu alma
   - Es cierto lo que dices, pero…. Ayyy Madrecita!!!!   siempre hay un “pero” que lleva mi alma a la búsqueda de una explicación más, nunca acabo de entender por completo, discúlpame, Madre…
   Sonríes…. Como todo el cielo de esta mañana cálida de setiembre, sonríes y me alivias diciendo…
   - Benditos “peros” hija querida. Eso que tú ves como una torpeza de tu parte, al no entender por completo una lectura, termina siendo una gracia… gracia  para el alma que, sedienta de caminos, comienza a buscarlos. Me alegra que comiences tu búsqueda con la oración… Pues oración es este momento en que te vienes junto a mí, me preguntas y confías en que se disiparan las dudas de tu alma como se disipa el cielo de nubarrones cuando viene el viento del sur….
   Me quedo en silencio. Nunca había pensado en que mis “peros”, mis “no entiendo del todo”, sean gracia para el alma, gracia que me empuja a buscar respuestas, respuestas que siempre hallo en tu Corazón, Madre querida…
   - Dime, hijita, cuál es tu dificultad esta vez….
   Animada por tu disposición, me apresuro a comentarte:
   - Antes de la lectura de la parábola, se leyó el Salmo. Y una frase se me quedo en el alma, como buscando sitio donde estirar sus alas, donde ser luz…
   - ¿Qué frase, mi querida?
   - “Señor, visitas la tierra y la haces fértil”
   - Así es hija… Jesús habló de muchas clases de tierra: la que está a la vera del camino, la pedregosa, la que está llena de abrojos… ninguna de ellas, en el estado en que la encontró el sembrador, estaba en condiciones de dar buen fruto… Por distintos motivos, ninguna estaba preparada para recibir la semilla.
   - Entonces, Madre, cuando mi alma se halle en tales estados… ¿Qué he de hacer?... porque te aseguro, María, que mi alma no siempre es tierra fértil... tu sabes con cuanta pena te digo esto, pero si no te lo digo a ti ¿a quién? Si tú siempre para mí tienes caminos…
   - Pues, querida mía, utiliza esa frase que se quedo en espera en tu alma “Señor, visitas la tierra y la haces fértil”… deja que esta frese despliegue sus alas en tu alma…
   - ¿Cómo se hace eso, Madre?
   - Pide al Señor que visite la tierra de tu alma cuando veas que no está en óptimo estado como para que la semilla dé fruto….
   Mi corazón se queda en espera, sabiendo que abundaras en detalles para que no se pierdan las semillas que Jesus deja en mí…
   . Hijita, cuando notes que la tierra de tu alma esta tan endurecida como la tierra a la vera del camino… cuando sientas que la semilla eterna no puede penetrar en ella y por tanto, queda expuesta para que te sea arrebatada… en ese momento es cuando debes buscar auxilios eternos…
   Mientras me hablas, Maria, llega a mí  el recuerdo del suave tintinear de mi rosario… y mi alma sabe que es respuesta… El rosario… que, como lluvia serena y fresca, va removiendo las durezas del alma para que pueda germinar la semilla…
   Y en este silencioso diálogo te vuelvo a preguntar:
   -¿Y qué hago cuando sienta mi alma como terreno pedregoso?, con poca profundidad de la tierra como para que la semilla resista en las tempestades del alma… ¿Y cuando la sienta inundada de abrojos? Tan llena de cosas que no hay sitio para la semilla y termina ahogada entre tanta  prisa y quehaceres…
   Y el tintinear suave del rosario se torna música para el alma….
     - Hija, cuando sientas tu alma en tales estados, aférrate al Santo Rosario, que te permitirá mover tanta piedra del alma, y también te dará la gracia de limpiar el terreno de abrojos innecesarios…
  Antes de terminar este dialogo amoroso de Madre e hija, me tienes un consejo más…
   - Hija, nunca dejes de pedir al Señor que visite toda tierra donde ha de ser sembrada la Palabra de Dios…. Justamente de esa semilla quiero hablarte… No te sientas triste si ves que no eres todo lo buena sembradora que quisieras… recuerda que la semilla es de excelentísima calidad y suple muchas veces las falencias de los pequeños sembradores…  Te invito, hija, a que sigas siendo sembradora, como cada hijo mío… pues la semilla se siembra de muchas maneras, según los dones que cada uno posee… algunos siembran con su sonrisa, otros con su paciencia, otros atendiendo a los que tienen cerca con todo el amor de que son capaces… Siempre siembras, hija mía… pero recuerda que tú eliges que clase de  semilla sembrar… cada semilla tiene su fruto particular… no esperes recoger suaves rosas donde has sembrado cactus….
   Y en el silencio del alma esperas mi respuesta… mi respuesta que es suspiro profundo de quien ha descubierto caminos, mi respuesta que es alegría profunda por haber compartido este momento contigo en esta mañana de oficina.. .
   Como abrazo de despedida me queda un ramillete de palabras que es resumen de este momento… sembradores incansables, tierras inhóspitas… y el Rosario como lluvia fresca para el alma… que alivia los cansados brazos de los sembradores y prepara toda tierra para los mejores frutos….Gracias, Madre, Gracias… es tiempo de poner en papel este hermoso encuentro contigo, para recordarlo tal como fue, para contarle a mi hermano, que tiene las mismas preguntas que yo, para que muchos rosarios elevados al cielo, se tornen en mil lluvias frescas para tantas almas, propias y ajenas, que ansían ser buena tierra…

Maria Susana Ratero

NOTA de la autora:” Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella”

lunes, 4 de julio de 2011

De paseo con María Santísima....

       Cae la tarde en mi ciudad.... el sol suele esconderse rojizo en este rincón del planeta... el aire tibio y perfumado de una primavera que insiste en llegar antes de tiempo, me acaricia el rostro...mientras mis pasos me llevan hacia una pequeña plazita....
       Allí te encuentro, dibujada sobre los cerámicos amarillos... con tu niño en brazos, muchacha de Nazaret... y tu mirada me llega al alma..... puedo sentirte en el aire....en el perfume de los rosales cercanos... hueles a rosas, María, hueles a primavera...
       Me siento en un banco, estoy cansada por la larga jornada, el trabajo, los chicos, la casa, las cuentas.... los problemas de todos los días que, no por repetidos y comunes, dejan de ser problemas... te miro y te pido ayuda... espero tu sabio consejo, tal como, “Mira, Susana, haz esto o aquello, etc, etc, etc”... te miro y espero que hables a mi corazón... en lugar de eso me miras... y dulcemente murmuras a mis oídos...
-          “Ven... vamos de paseo”...
       No comprendo...de veras no comprendo... pero te sigo mirando.... y los cerámicos amarillos parecen tener luz...
-          Ven, -repites- ven conmigo a Nazaret....
-           ¿A Nazaret?
       Sí... me invitabas a Nazaret... cerré los ojos y te seguí... caminamos por varios sitios que no recuerdo... bueno, en realidad no los miraba, sólo te miraba a ti, tan dulce, tan bella, tan REAL...
       Al llegar a una pequeña aldea dijiste:
      -    Esperame aquí, volveré por t i- susurraste mientras me acomodabas tras unos árboles de especie desconocida.
-          Pero... Señora...¿adónde vas?, por favor, no me dejes sola aquí!
-          ¿Dejarte, hija querida?¿dejarte sola?, Nunca lo hice y nunca lo haré... No temas, estaré al alcance de tu vista en todo momento y, jamas lo dudes,... volveré...
       Te alejaste, majestuosa en tu sencillez, tus ropas se tornaron igual que la de las mujeres del poblado. Entraste a una pequeña casa hecha de adobe , que en nada se diferenciaba del resto, y buscaste un cántaro  de barro...( no sé porqué razón pero podía verte a través de las paredes),una cubeta de cuero y una soga lo suficientemente larga para llegar con la cubeta hasta el nivel del agua. Tomaste los enseres y te dispusiste a salir... En ese momento un joven alto, de impecable mirada y voz de campanas, que entró desde el fondo de la casa, te dijo:
      -    Madre, espera...
-          Sí hijo, dime...
-          Madre... yo... lo siento, es que... mi túnica... pues.... se ha roto por accidente...discúlpame por favor....
Le miraste con infinita ternura y respondiste:
-          No te preocupes... cambiate  y esta noche lo remendaré...
-          Es que... madre, ... debo entregar unos trabajos esta tarde... y, tú sabes...
-          Bien, me apuraré, pero ayúdame con el almuerzo, no tengo tantas manos...
       El joven asintió y desapareció tras una puerta, y tu  te encaminaste hacia el pozo ...
       Allí había muchas mujeres rodeando a una que lloraba desgarradoramente. Dejaste tu carga a un costado y te acercaste, silenciosa... la pobre mujer había perdido la única moneda que tenía para alimentar a sus hijos...
        Fuiste rápidamente  hasta tu casa y, mientras Jesús lavaba cuidadosamente sus manos para la hora de comer, tomaste un trozo de pan y poco de leche que el joven acababa de servir...
       Cuando te disponías a salir él te dijo:
      -    No cambias ¿verdad?...Ah! mi dulce madre, tan generosa y de corazón tan sensible, ¿ te dije ya cuanto te amo?
          Se te nublaron los ojos...  sabías que no podía tener secretos con él... lo amabas... lo amabas tanto.... Te despediste con una mirada que fue mas elocuente que mil palabras...
-          En el fondo de su jarro, madre...
-          ¿Qué dices?- preguntaste.
-          Dile que busque en el fondo de su jarro.... allí está la moneda....
      Nada dijiste ...él te contempló partir ...te miraba con ternura pues sabía que no era fácil vivir con él...
      Te acercaste a la mujer y le diste los alimentos y, en una muestra de confianza digna de una madre, preguntaste:
       -    Por casualidad ¿No habrá caído en el fondo de tu jarro?
        Las mujeres te miraron con incredulidad pero, como te respetaban, miraron dentro del cacharro... allí estaba la moneda... Cuando te buscaron  para comentarte ya no estabas, sino que ibas camino a casa, con el cántaro repleto de agua sobre tus frágiles hombros.

    Junto a Jesús  disfrutaste de un sencillo almuerzo...aunque entre las conversaciones a veces quedaban huecos... se extrañaba la presencia de José.
    Jesús volvió luego al taller y tú a tus tareas, debías zurcir la ropa de tu hijo enseguida, y luego lavar, pues el cielo amenazaba tormenta y los gruesos vestidos tardaban mas de un día en secarse... Además había poca leña, por lo que tendrías que ir por mas a un lugar un poco alejado, pero deberías esperar a que fueran varias mujeres, pues no estaba bien que fueses sola... Te sentaste a zurcir, te dolía la espalda y casi no veías... te acercaste a la ventana, había mejor luz...te costó trabajo terminar la tarea, pero estuvo lista justo a tiempo para la salida del hijo...


        Iba cayendo la noche... habías trabajado mucho... junto a Jesús oraste un buen rato... te daba mucha paz mirarle a los ojos....
        Llegó el momento de descansar... casi no se veía, pues había aceite para una sola lámpara...
        Tú sentías un fuerte dolor en la espalda por el peso de los trabajos y tus manos estaban callosas y ásperas.... Jesús te ayudó entonces a extender las mantas sobre el piso y se acostó,  te quitaste el velo un momento y  alisaste tu  cabello....,  te inclinaste luego sobre el lecho de tu hijo y le besaste la frente...una y otra vez... y  saliste de la casa sin hacer ruido
         Jesús, que se había despertado con tan dulce caricia, sintió como unas lágrimas caían por sus mejillas al tiempo que susurró:” Tus besos me harán mas soportables las espinas, madre querida”...

      Dejaste la casa y viniste hacia mí... tus ropas volvían a ser como las dibujadas en los cerámicos amarillos...
-          Aquí estoy, Susana...¿ves? este fue mi hogar en esta tierra...yo también tenía días duros, días en los que el tiempo y las fuerzas me jugaban malas pasadas..., días en que la rutina contrastaba con el momento magnífico de la Anunciación y yo no entendía nada...Pero Él era mi fuerza y mi apoyo, mi amigo y mi consejero, por él todo lo soportaba en silencio... Ay, mi querida ¿sabes cuanto costaba el silencio?, mi secreto me acompañaba y no sabía yo si debía hablar o no... José me decía que el momento llegaría y el secreto se transformaría en signo de esperanza... pero la rutina es dura y puede gastar los corazones mas fuertes si dejas que te absorba....Bueno, Susana, debemos volver...
  Yo te miraba con devoción, comencé a llorar...  entonces me abrazaste... me abrazaste con ternura y con fuerza... fue el abrazo mas dulce y pleno que recibí en la vida... sólo atiné a decirte...”Te amo, Señora mía, te amo tanto!!!”

     Volvimos a la plazita...cuando abrí los ojos ví que se acercaba el sacerdote con otras personas y recordé que había misa... Me quedé, pues después de tu abrazo quería también el abrazo de Jesús al recibir la Eucaristía....

      Volví a casa... mi mirada estaba... iluminada, eso, iluminada, mi rostro ya no reflejaba el cansancio.... Hoy te digo Gracias por escuchar mi oración de aquella tarde, gracias por enseñarme a ir a Nazaret a conversar contigo, de mujer a mujer... Hoy quiero contarle esta historia a una amiga mía que está un poco triste....

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      Amiga que lees estas líneas... la casa de María está abierta también para ti, no dudes en ir a ella cuando estés agobiada, cuando la rutina, el dolor o la desilusión te nublen el alma, pero ¡por favor!, tampoco olvides ir a contarle cuando tu alma esté llena de risas, de pájaros de flores... ella se alegrará  mucho, le hará bien hablar contigo...
      Lleva crema de manos...y, con la excusa de una coquetería, acariciarás las manos de la mujer que mas te ha amado en toda la historia.....
... Por cierto, llévale mis saludos..
                  María Susana Ratero
                  susanaratero@yahoo.com.ar
NOTA de la autora:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

Secreto de María, secreto de mujer

   Es domingo en la mañana, entro al recinto de la pequeña parroquia de la Virgen de Luján, acabo de recibir una bella noticia y estoy feliz, tengo ganas de contarle a todo el mundo que me han propuesto un nuevo trabajo, realmente apenas si puedo contenerme... es lógico, cuando estamos felices queremos, necesitamos contarlo....
   Entro y te miro, María Santísima, vestida con un manto celeste sobre tu blanca túnica ..., y te saludo:
    -Buenos días, princesa... muy buenos días....
    Sabes, porque lo ves latir con fuerza, que mi corazón rebosa... quiero contarte... porque soy humana y necesito de las palabras demasiadas veces... Pero el susurro de tu voz interrumpe mi monólogo egoísta:
    - Calla.... calla, hija mía, calla que aún es tiempo de silencio....
    Me cuesta comprender... lo sabes, cierro mis ojos, mi alma corre a refugiarse entre los pliegues de tu manto... y, sin que nadie lo note, nos vamos juntas al jardín de Tu casa....
    Nos sentamos en un banco y tu me dices...
   - El silencio, mi querida, es muy difícil, pero nos sirve para dominar nuestro espíritu y moldear el alma y el carácter según los designios de Dios... al final de cuentas ¿Porqué hablarías hoy a tus amigos y conocidos?¿Por la gloria de Dios o para halagar tu vanidad escuchando los elogios de los hombres?...piénsalo....
    Bajo los ojos, no tengo valor para mirarte pues tienes razón, quería contarle a todos aquello que mi vanidad reclamaba como "su derecho"...
     - Ven -dijiste- te mostraré lo duro que fue para mí... iremos a Air Karim.....
     - ¿Yo... contigo... en la caravana?-
     - Sí, nadie te verá, sólo yo, pero tu no debes hablar con nadie....
    Te sigo otra vez, mis ojos cerrados pueden ver el color de las arenas del desierto, el viento caliente me da de lleno en el rostro... La caravana avanza lentamente desde Nazaret hacia Air Karim....
    Caminamos juntas entre un montón de mujeres...percibo mis ropas... me cuesta llevarlas... pues son como las tuyas... las sandalias, el manto.... te miro y callo, mi reina... ¿qué podría decirte?, de repente me haces una seña para que vayamos tras unas dunas... tienes náuseas, estás por vomitar... ¡Claro!, si estás en el primer trimestre del embarazo... casi todas tenemos náuseas, vomitamos, y alguna comida en particular nos parece horrible... A ti también... vomitas varias veces, seco tu frente y te abrazo, mi pequeña de quince años... luego yo, torpe como siempre, doy la nota:
   - Quédate aquí, iré por ayuda...
   Me miraste como diciendo .."¿Es que no comprendes?"
   - ¿Ah sí?, y qué les dirás... ¿qué "la Virgen" está vomitando tras las dunas, que estoy embarazada...?¿Olvidas que aún no soy la esposa de José?, No, amiga, debemos callar, faltan varios días para llegar, pero llegaremos, con la ayuda de Dios...
    Comienzo a comprender, lentamente, la dimensión de tu entrega...
    Esa noche nos acostamos en una tienda, no comiste pero te las ingeniaste para que nadie lo notara... en una caravana de varios días donde no abundan los temas,hubieses sido el centro de atención.... La noche está oscura y fría, no puedo dormir, tú te acomodaste entre mis brazos y te quedaste dormida... Repentinamente te sobresaltas...
   -¿Qué sucede? Tranquila, todo está bien- susurro para no alterar el sueño de las demás...
   - Es que... mi vientre... duele un poco....y aún tengo náuseas... pero no te inquietes... si llego a vomitar lo haré sobre este paño que he traído.....
    Comencé a acariciar tu pelo...te dormiste otra vez... nos sobresalta, horas mas tarde, el griterío de los hombres....
    Seguimos caminando, el calor del desierto se hace sentir... por momentos estabas casi bien..., tu diminuta figura pasaba inadvertida....¡Si supieran!, pero no.. es mejor así...
     Air Karim se dibujaba en el horizonte... Isabel esperaba....
    Necesité preguntar....
    -¿ Y tus padres?¿Cómo hiciste para decirles... digo, para que te dejaran venir?...
    - ¿Ves esa mujer que viaja con varios niños?, pues es una prima de mi madre, a cuyo cuidado he venido, pero he preferido apartarme un poco, te habrás dado cuenta por qué...
    - Mi señora.... cuanto nos has amado... cuanto debemos todos a tu silencioso sacrificio de mujer....
    - Todo lo aprendí de él- dijiste acariciando tu vientre con infinita ternura...- además el Padre siempre tiene detalles... esta prima de mi madre llegó a casa apenas el ángel se retiró, con la noticia del embarazo de Isabel... yo estaba aún aturdida, sorprendida, extasiada, por lo que el ángel me había dicho, de manera que sólo atiné a decir..."padre, debo ir con ella", al principio mi padre se opuso, pero el Señor vino en mi auxilio y conseguí el permiso.... será un gran alivio hablar con Isabel... presiento que algo sabe....
   Air Karim se dibujó nítido ante nuestros ojos... la casa de Isabel estaba  un poco a las afueras del poblado... Nos despedimos de los parientes y nos encaminamos hacia nuestro destino....
    María divisó a Isabel sentada en el pórtico de su casa, su vientre de mas de seis meses le servía de apoyo para sus manos dedicadas de pleno a la labor....
    -Isabel!... Isabel!- casi gritaste... tenías tanto grito ahogado en la garganta...
   La mujer levantó la vista y dijo:
    -¿ Quien eres?, Acercarte, mi vista no es buena y casi no puedo caminar...
    - Isabel ... es que ¿Acaso has olvidado hasta mi voz?- y te fuiste acercando hasta ella...
    - ¡Querida mía... María...Oh Dios Todopoderoso!, si es  María,  mi  María!...- exclamó gozosa la mujer mientes te abrazaba-
   - Oh, Isabel... la noticia de tu hijo llegó hasta mí, por eso, he venido a servirte hasta que nazca el niño...
    - ¡Bendito sea el Señor!-Isabel tenía los ojos llenos de lágrimas- Tú... justamente tú... a servirme a mí... ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a mí? Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre... Dichosa tú que has creído... pero mira, María, siente- dijo tomando tus manos jóvenes y colocándolas sobre su vientre- mi niño ha saltado de gozo... María... ¿qué mas puedo pedir?
     - Oh, Isabel, en verdad te digo que
Mi alma canta la grandeza del Señor
Y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi Salvador
Porque miró con bondad mi pequeñez...
En adelante todas las generaciones
Me llamarán feliz... feliz...
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas - y ví como cruzabas las manos sobre tu vientre incipiente, como queriendo ya acariciar a Jesús-
¡Su Nombre es Santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
Sobre aquellos que le temen...desplegó la fuerza de su brazo
Dispersó a los soberbios de corazón, derribó al los poderosos de sus trono
Y elevó a los humildes...
Colmó de bienes a los hambrientos
Y a los ricos... a los ricos los despidió con las manos vacías...
Socorrió a Israel , su servidor, acordándose de su misericordia,
Como lo hacía prometido a nuestros padres, a favor de Abraham
Y de su descendencia para siempre... para siempre... para siempre.....

   Cuando terminas de dar rienda suelta a tu corazón aprisionado, cuando el secreto ya no pesa en el alma, ambas se abrazan durante largo rato... ¡Qué descanso para tu alma de niña-mujer-madre! Ahora podrás hablar con ella, contarle lo que sientes y ella te aconsejará... quizás deban esperar los momentos en que no haya personas cerca para no despertar sospechas... hablarán del Mesías, le contarás que, al igual que todas las doncellas de Israel tú también te preguntaste alguna vez ¿Seré yo?¿Seré la elegida?, hablarán de ángeles mensajeros y de profecías cumplidas, pero también hablarán de pañales, de parto,de lactancia.... Isabel ha asistido a varios partos y te contará cosas.... como sabiendo que estarás solita con José en el momento mas maravilloso de la historia...ella te enseñará como amamantar a Jesús... en fin... las mismas cosas que habla cualquier primeriza de la tierra.....
    Siento que estoy demás, que este momento te pertenece, que es como un oasis del que te alimentarás en los desérticos días que vendrán hasta que José te tome como esposa...dura  prueba para el amor de ambos... dura prueba... pero de ella hablaremos el próximo domingo... ahora debo volver...
    Por esas cosas de los sueños, el tiempo no ha pasado casi en la pequeña parroquia de mi barrio...
   Escucho que comienzan a cantar, el sacerdote está por entrar... apenas tengo tiempo de despedirme.... me veo de pie cantando, mientras el celebrante se prepara  para comenzar la misa... siento que tengo fuerzas para dominar mi vanidad... y esas fuerzas vienen a mí con olor a desierto, a viento, a dunas guardianas de secretos....
     Miro tu imagen... no hay signos de la reciente travesía, sonríes...murmuro el Ave María repitiendo las palabras del ángel, las de Isabel... creo que nunca más rezaré un Ave María apurada..., repitiendo como autómata... no... cada vez que lo rece regresaré a Nazaret, a Air Karim... porque cada vez que lo rezamos el ángel te vuelve a saludar, Isabel te vuelve a abrazar.. y yo... yo solo puedo rezarlo de rodillas.....                     
     Recuerda, amiga, este relato de amor cada vez que reces el rosario....pues Isabel y los ángeles, lo rezarán contigo.....
                                                                                         María Susana Ratero
NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

El Primer Dolor de María y José....


 Este domingo te recordamos, María, como Nuestra Señora de los Dolores....Despues del sermon de la misa me quedo pensando en tu corazón herido... cuéntame, Señora, de tus dolores del Rosario... cierro los ojos  y tu imagen se queda en mis pupilas, pienso en el primero, háblame de tu primer dolor....
-Pues...de hecho no es el primero del Rosario
-Si te hace mal... no, deja, María... deja para otro día...
-No, quiero contarte... para que comprendas....volvamos a Air Karim, donde quedamos la última vez ¿recuerdas?...
Cómo olvidar cada momento contigo.... Te sigo y veo como te despides de Isabel, un abrazo... otro, como queriendo detener el tiempo.... el griterío de la gente que pasa te da la señal definitiva... debes partir, te sigo....Nos mezclamos las dos entre la gente, tu prima y su familia te saludan y te recominedan no te alejes... eres su responsabilidad hasta Nazaret....
Comenzamos la caminata, lenta, ardua, bajo el sol del desierto.....Vas silenciosa, pensativa, casi preocupada...
-¿Todo bien?- y mi pregunta desentona, es muy occcidental, muy del siglo 21....
-No, amiga mía, no está todo bien... deberías saberlo.....Nazaret está mas cerca cada minuto..., mi hijo mas evidente, y José que me espera para la boda sin saber de esto ni una palabra...
-¿Se lo dirás?...
-¿Como hacerlo?.... Voy a su casa, así como así y le digo..”José, amor mío, el Mesías esperado late en mi vientre hace cuatro meses por obra del Espiritu Santo...”Tú, ¿Cómo  crees que reaccionará?... No lo digas....
Callé, tenía razón... ¿quién iba a creer su historia?...Sólo Dios podía sacarla de este trance...y realmente no le quedaba mucho tiempo para decidirse...
En el viaje hablaste poco... muchas veces te sorprendí acariciando tu vientre pequeño pero evidente, a escondidas.... una tarde mientras el sol caía y cada uno de los viajeros sólo se preocupaba de organizarse para la noche, te alejaste silenciosamente tras un grupo de animales que habían quedado al costado del campamento...pensé en Belén...te seguí en silencio....
-          ¡Hola, mi amor!..-decías suavemente mientras acariciabas tu panza de mamita joven-¿como estamos hoy?... un poco inquieto ¿verdad?... calma... mi precioso hijo, calma... todo esta bien... solo quería recordarte que te amo, que te amaré siempre... pase lo que pase, jamas dudes de mi amor...- y gruesas lágrimas rodaban por tus mejillas.... Me acerqué lentamente, y te abracé, pequeña, tan frágil y tan fuerte, tan niña y tan mujer.....
Volvimos al campamento.... y nos acostamos a dormir...
Me despertaste un poco antes del amanecer, te sentías mal....
-          Creo que vomitaré otra vez, este viaje no termina nunca....-  vomitaste sin hacer ruido, y la arena del desierto escondió tu secreto.........

   Nazaret se dibujaba lentamente en el horizonte... faltaba poco....los sonidos de la caravana formaban una extraña melodía....paso a paso ibamos llegando las dos... cansadas, llenas de polvo, con la incertidumbre en el alma sabiendo que la vida de la mujer que portaba la salvación de los hombres dependía, paradójicamente, del amor y la confianza de un sencillo carpintero.... los extremos de Dios... que incompresnsibles nos resultan los extremos de Dios....
Llegamos a tu casa, allí te esperaba  la cuñada de José, pues tu madre estaba un poco enferma...
-          ¡María!, que alegría volver a verte... ¿Como ha sido tu viajes?
-          Bueno, sí, realmente muy bueno... estoy cansada...¿Me disculpas?
-          Sí, claro, vé a dejar tus cosas que te preparo algo de comer...¡Me olvidaba! José viene enseguida, pues quería hablar contigo sobre la boda.....¡Espero sea pronto!- comentó entusiasmada la mujer que sentía por la joven sincero afecto....
En un rincón de la casa acomodaste tu sencillo equipaje. Al terminar me miraste directo a los ojos....y tu mirada, traspasada de dolor, me llegó al alma....Hubiese querido ir corriendo a la casa de José y decirle quien era él en la historia de la humanidad, aunque me hubiesen matado luego por desquiciada... pero estoy aprendiendo de ti, María, y me quedo en silencio a tu lado...
-¡María!- la voz de tu futura pariente nos sobresaltó- José está aquí....
Había llegado el momento decisivo....Partiste caminando lentamente tratando, a duras penas, de ocultar tu vientre....
 José estaba en el patio de la casa, un hombre mas bien alto, de ojos oscuros y mirada serena, sus facciones eran simplesy tranquilas, el rostro de un hombre trabajador y honesto... José tenía el rostro de todos los trabajadores del mundo...
Miró a su prometida con amor infinito. María se acercó a él, y le saludó... en ése momento el hombre reparó en el estado de ella y la miró a los ojos...nada dijo, pero alcancé a ver cómo se le humedecía la mirada.... Sé que hubiese querido preguntarle poqué, quién ...¿Es que ya no me amas, María?... mas nada dijo... Se despidió y se retiró en silencio...
Me quedé a tu lado y murmuraste...”Vé con él, por favor, vé con él”....
-          Pero, Señora mía, no puedo dejarte sola, tienes desgarrada el alma....
-          ¡Pero yo tengo a mi hijo aquí!¿Es que no comprendes?¡José está solo y está mal!Sólo Dios sabe que pensamientos se le cruzan por la cabeza...
La pregunta era inevitable...
-          ¿Temes por ti?
Y la respuesta , sólo digna de ella...
-          No, temo por él....
Ambas sabíamos que si José te denunciaba por tu traición (¿qué otra cosa podía pensar?) serías apedreada hasta morir, en la plaza pública....aún así, temías por él...
Te obedecí y fui corriendo tras José, quien no podía verme.... El pobre hombre salió del poblado y se dirigió a un pequeño monte... Allí entre la soledad de los árboles, dio rienda suelta a su dolor...
-          ¡Oh Dios todopoderoso!- Gritó mientras caía de rodillas-¡Qué terrible angustia ha caído sobre mi alma...! María, mi dulce María está... está.... embarazada- y la palabra le destrozó el alma y lloró con ese llanto desgarrador que brota de las entrañas de un hombre justo-... Señor... ¿qué hago?..Algo... algo... muy dentro de mí me dice que no debo dudar por ¿¿¿Cómo???, ¿Cómo, Señor, si la realidad es cruel y me grita una traición que no comprendo?....Si la repudio, Señor y sabes que es mi derecho,... si la repudio la matarán... a ella y .. y a su hijo- José estaba al borde de la desesperación, pues el amor que sentía por María podía pasar la barrera del despecho humano- ¿Cómo impedir la muerte de ella y del pequeño?.... Una sola cosa queda por hacer....me iré en secreto...que todos piensen que la abandoné... así, la vergüenza recaerá sobre mí y no sobre ella....Lo siento María, no puedo hacer otra cosa.....- Y José se tendió en el suelo y sus lágrimas  penetraban esa tierra santa.....Y Dios no se hizo esperar... era demasiado el dolor de ese hombre, pues todas las legiones de los ángeles clamaban por él misericordia...
José seguía en el suelo.... como adormilado en su inmenso dolor... cuando el Ángel Gabriel se le acercó y le dijo...
-          José... José, Hijo de David....¿Porqué dudas del poder de Dios?¿Acaso no sacó a su pueblo de Egipto, en el pasado?
-          ¡Dios Altísimo! ¿Quien eres...?¿Qué quieres de mí?
-          No temas llevar a María a tu casa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo... Ella dará a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecado.....
El angel se retiró... todo el cielo quedó expectante.....de su respuesta dependía el destino de los hombres...
José miró a su alrededor...las palabras del ángel resonaban aún en su corazón... todo estaba claro ahora... la espera de israel había terminado... y a él se le había confiado el Mesías esperado...., sólo atinó a decir en voz baja...
-María, amor mío... perdóname... – y se incorporó rápidamente, secó sus lágrimas con el manto y salió corriendo en busa de su amada... yo le seguía, pensaba en ambos, en su amor, ese amor que nació en corazón de Dios antes de que naciera el tiempo....
Al llegar al poblado comenzó a caminar y pasó inadvertido entre los pobladores...llegó a tu casa, María... tú estabas aún en el patio...Sufrías por José... Volteaste la cabeza y le viste... no comprendías su mirada radiante....
Acercándose a ti te dijo...
-          María amor mío, cuánto habrás sufrido en silencio...
-          José... yo..
-          Perdóname, perdóname si en algún momento dude de ti, perdóname y acéptame como tu esposo. Ante Dios prometo que cuidaré de ti y del niño por el resto de mis días...
-          Mo hay nada que perdonar José, es que yo ... yo no podía decírtelo, pero grande es el Altísimo que te ha revelado la mas bella de las noticias... Ahora lo sabes....¡Gracias Dios mío por consolar mi corazón!... Gracias José....
-          Tú serás mi esposa y yo seré el hombre mas honrado de la tierra....
Se miraron con profundo amor... él sabía que debía cuidar del tesoro de Dios... pensó un instante en su propia vida...se preguntó si era digno.... no había respuesta... sólo la misericordia de Dios puede hacernos dignos, jamás nuestros propios méritos.....

Los vecinos se habían enterado de la llegada de María... y de la visita de José, las muchachas comenzaron a llegar y rodearon a la novia y la llenaron de preguntas femeninas...Los hombres se acercaron a José para ultimar detalles del festejo.... alguien comenzó a tocar música.... todos comenzaron a bailar esas bellísimas danzas del pueblo de Israel... la música me resultaba extrañamente conocida... la estaba cantando el coro de la Parroquia, el sacerdote estaba comenzando a dar la comunión... Miré por última vez los felizas danzantes.... Pasaste junto a mí bailando con las muchachas....el dolor había pasado, el amor había salido victorioso... Jesús dormía cómodamente en tu vientre... Me abrazaste con el alma...”Felicidades, princesa, felicidades..”pensé....
Abrí los ojos, y me encaminé hacia el altar para recibir la comunión.... Miré tu imagen... el coro segúi cantando y yo tenía ganas de bailar como tú y tus amigas en Nazaret....
El primer dolor de amor había pasado...llegarían otros, después.... ahora.... ahora quiero quedarme bailando contigo.....María de Nazareth....

 Marís Susana Ratero
NOTA:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"