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Madre, donde está mi tesoro...

     Donde está tu tesoro está tu corazón… Estas palabras, tan conocidas, se repiten en la Santa Misa hoy… parece sencillo, pero no lo es tanto, por lo que recurro a ti, Madrecita, como siempre:
   - Y ¿Cómo hago, Madre? Si mi corazón se va, muchas veces, detrás de cosas que tienen disfraz de tesoros…. A veces me sorprendo con mi corazón puesto, confiadamente, en cosas pasajeras… ¿Cómo le pongo riendas a este corazón, para que esté en los tesoros eternos?
   Y, mientras esto me pregunto, te miro serena en tu imagen de Luján… y tu respuesta me asombra y, a la vez, me tranquiliza…
   - Dime, hija, la jaculatoria de tu Instituto… aunque tantas veces la has pronunciado hoy quiero que descubras en ella  tesoros escondidos…
   Te respondo: - "Madre, en tu Corazón, mi corazón, todo lo que estoy haciendo y me pasa"
   - ¿Ves hija? Es tan simple: pon tu corazón en el mío… y allí lo tendrás a resguardo de los tesoros engañosos… y no te angusties si no sabes distinguirlos, pues su apariencia a veces te confunde… Usa el camino más corto… tu corazón en el mío… pero no como una simple frase, o una jaculatoria bonita, no, sino como un acto de total confianza en tu Madre que quiere llegues segura a los brazos de Jesús.. No tu corazón en el mío para que quede aquí como final de camino, no, sino tu corazón en el mío como camino fácil, corto, perfecto y seguro para llegar a Jesús….
    Voy comprendiendo la enseñanza del Maestro…. Donde está tu tesoro esta también tu corazón, que sería lo mismo que decir, donde está tu corazón está tu tesoro…. Y si mi corazón está en el tuyo, Madrecita, entonces está en el mejor de los tesoros, al mejor de los resguardos… así, puesto mi corazón en el tuyo te suplico que allí Cristo, como en una nueva Anunciación,  por medio del Espíritu Santo, tome completa posesión del mío, y lo haga semejante al Suyo, para que pueda amar y glorificar al Padre en mi y pasar de nuevo por el mundo haciendo el bien…

   Tesoros eternos y corazones que buscan el mejor resguardo…  Madre, cuida siempre mi corazón, para que no se deje deslumbrar por tesoros pasajeros… guarda mi Corazón para que aprenda a imitar tus virtudes, así, mi corazón será, al final del camino, un pequeño tesoro para presentarlo, de tu Mano, ante mi Señor…. 
                                                       María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com
(este relato se encuentra en mi cuarto libro
 "Madre, en tu Corazón")




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