Ir al contenido principal

María, y una súplica en la Misa

   "No tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia…." esta súplica la he escuchado tantas veces, en tantas Misas… pero nunca le presté la debida atención… tristemente para mí, la dejé pasar como una frase más, un pedido más….

   Por la infinita Misericordia de Dios, que quiere que ninguno de sus hijos se pierda, hoy me detengo en ella y muchas preguntas surgen en mi corazón….
   - ¡Oh Señora! Tan pequeña soy y aun así me atrevo a unir mi corazón a las súplicas del sacerdote, pidiéndole al Padre "no tenga en cuenta mis pecados"   Oh Madre, le pido que no los tenga en cuenta… pero ¡han sido mis pecados, más que el látigo, lo que lastimó al Señor el día de su Pasión!!!… mis pecados le hicieron sangrar el corazón y la piel y, aun así, me atrevo a pedirle "no los tenga en cuenta", y voy mas allá, le pido que, en lugar de mis pecados, tenga en cuenta mi fe… Pero Madre ¿Cómo ha de ser mi fe para que el Señor, al verla, olvide mis pecados? Ciertamente, Madre, creo que mi fe dista mucho de ser suficiente para obtener del Padre un olvido, inmerecido, de mis faltas… Oh Madre cuán grande y profunda ha de ser mi fe- te pregunto y la pregunta es también súplica de caminos…
   - La fe que logra ese milagro, hija, no es fruto de tu propio esfuerzo, esa fe es gracia derramada en tu alma, es fe que te es dada, gratuitamente, es don, porque el don es regalo, esa fe es hija del silencio y la entrega  mansa y confiada a la Voluntad del Padre.
   - Madre ¿Cómo llego a esa fe? ¿Por qué caminos?
   Y tu Corazón lleva al mío cerquita de Jesús… tu Corazón lleva al mío a cada Sagrario que hay sobre la tierra y el Maestro pronuncia, para mí, palabras de vida eterna: "Pide al Padre.. Señor aumenta mi fe…"
   - La fe que, cuan pequeño grano de mostaza puede mover una montaña, sólo puede tener  perfume de aliento sagrado, aliento que llega al alma luego de la súplica….Además, ten en cuenta un detalle no menor, la súplica dice "no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia….." Hija, no habla aquí solo de tu fe, sino de la de toda la Iglesia…
   - Ayúdame a entender, Madrecita
   - Al ofrecer al Padre la fe de toda la Iglesia, se ofrece  la fe de todos, sumada, multiplicada, sostenida la de unos con la de otros.. Las sequedades de unos se compensan con el fervor de otros….Ha de ser gran alivio para tu alma saber que tu fe no está sola frente a tus pecados, sino que te sostiene la de la Iglesia… tu fe es sostenida por la de tus hermanos, y al mismo tiempo la tuya sostiene la de otros…
   - Señora, mi fe nunca podrá ser tan grande como Jesús merece que sea, pero te pido que sea todo lo grande que mi capacidad permita…. Que no quede, de mi parte, ningún esfuerzo, ningún intento sin realizar, para llegar a esa fe profunda, serena, alegre, que es alimento del alma….

    Que inmensa es la Misericordia de Dios, que acepta tal pedido y lo responde….
   Pensar que tantas veces escuché esa frase de labios del sacerdote…pero nunca me detuve a considerar tal pedido… la inmensa distancia entre quien ofende y el ofendido… y aun así, quien ofende se atreve a suplicar no le sea tenida en cuenta su ofensa….
    Cada palabra, cada súplica que se dicen en la Santa Misa, son de una profundidad y un valor tan grandes, que cuando el alma va desgranando cada frase, saboreando  cada palabra, no puede menos que llenarse de asombro y alegría, por saber que llega al Padre, por medio de Jesús, con las palabras adecuadas, las súplicas precisas, los ofrecimientos más dignos….
    Te suplico, Madre Santísima, me alcances la gracia de valorar y descubrir tantísimos tesoros y secretos que encierra la Santa Misa…, para que ansíe con más intensidad participar de ella, para que la viva y la disfrute con el mayor fervor posible, sabiendo que gracias exquisitas llegarán a mi alma, que nunca una Misa es igual a otra, aunque se repitan las mismas palabras… como no es igual, para una madre, cada beso y abrazo que le da su hijo… de la misma manera, en cada Misa podemos ofrecer un corazón nuevo, un corazón con mejores intenciones, y sentir que Jesús nos abraza con un abrazo nuevo, único, distinto, en cada Eucaristía… así, aunque me sienta la más pecadora del mundo, podré pedirle confiada "no tengas en cuenta mis pecados, sino la fe de tu Iglesia.."


 María Susana Ratero
susanaratero@gmail.com
NOTA de la autora: Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella.




Comentarios