Ir al contenido principal

Con María, agujereando el techo…

   Nada hay más hermoso para tus hijos, Madre, que encontrarte a cada paso del camino, en las alegrías y penas, en soledades y compañía…
   Hoy vengo a pedirte una gracia, María, en esta Misa. Pero me siento enredada en mis propias palabras… una multitud de palabras entre tú y yo…
   Desde tu imagen de la Parroquia sonríes para mí. Sé que sonríes para todos pero tu amor infinito hace que cada uno perciba tu sonrisa como única….
   Está por comenzar la lectura  de la Palabra. Es el Evangelio de Marcos (2,1-12) donde se describe que unas personas rompieron el techo para bajar a un paralítico.
   Y tu Corazón lleva al mío a aquella pequeña casa de Carfarnaún, a tu casa, Madrecita, a tu casa…
   Había tanta gente que no hallamos lugar ni siquiera delante de la puerta. Y Jesús anunciaba la Palabra…
-          Madre ¿para que me traes aquí?
-          Porque he de enseñarte algo. Quisiera que sacases especial fruto de esta lectura. Vamos afuera…
   La gente se apretujaba, realmente nos cuesta trabajo salir fuera. Quedamos un poco alejadas de la casa. Desde donde estábamos no se escuchaba al Maestro.
   En ese momento me dices, Madrecita:
-          Mira, hija, mira con atención, mira con tu corazón y nunca lo olvides…
   Cuatro hombres trepan hasta el techo y, desde allí, con unas sogas, subieron la camilla de un paralítico.
   Luego levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba y, haciendo un agujero, descolgaron la camilla con el paralítico
-          Hija- dices a mi corazón- haz tú lo mismo…
-          ¿Qué dices, Madre? Explícame, por caridad…
-          ¡Agujerea el techo, hija! Esa gracia que hoy has venido a buscar la hallarás sólo con oración perseverante, orando contra viento y marea. Agujerea el techo hija mía, que bajo un techo agujereado con fe, siempre cabe el milagro…
   Ante mi asombro (si, asombro… es la palabra que define todos mis encuentros contigo) sigues aconsejándome:
-          Lleva contigo a los que no pueden ir por sí mismos. Fíjate en el paralítico. Halló cuatro hermanos con fe suficiente como para romper el techo por él. El paralítico estaba allí para que, los que lo llevaron, disfrutaran del milagro.
   Y la pregunta brota del alma, en la plena confianza de que hallará respuesta.
   - ¿Cómo treparé el techo?
   - El Rosario, hija, sus cuentas son la escalera para trepar. Y es cuerda con la que bajarás al que necesita el milagro.
   Mi corazón se queda en silencio ante la magnitud de tu amor…
   Continúas…
-          Unas veces bajarás a otros…. Otras, serás tu misma la que se descuelgue por la soga…
   Techo y sogas, camilla y milagro…
   Entramos a la casa, allí vemos que al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico “Hijo, tus pecados te son perdonados”
-          Querida mía, ¿has comprendido? ¡No te quedes mirando afuera! Afuera de tu corazón. Allí, el lugar de la gente de esta puerta, lo ocupan multitud de consideraciones que te hacen postergar la oración. ¡Tienes que trepar al techo!
-          Madre… el techo ¿de dónde?
-          El techo de tu corazón, el techo de esa gruesa muralla con que rodeas tu corazón, impidiéndote entrar a encontrarte con Mi Hijo, con el Padre, que “vino a ti e hizo morada en ti”. Ellos allí te esperan y si te descolgaste del techo de tu incredulidad, agarrada fuerte de la meditación de los Santos Misterios (pues ¿Qué otra cosa es el Rosario?) prepárate a recibir milagros esperados y milagros no soñados…
   La Misa continúa. Siento nuevas fuerzas en mi alma y muchas ganas de poner en papel este encuentro contigo… Porque quizás quien lo lea, también ansíe el milagro y no halle caminos…

   Gracias Madre por enseñarme que no hay murallas tan altas que no puedan treparse con la soga eterna del Rosario. Que una vez llegada al techo, la perseverancia en la oración hará que éste se rompa y, bajando con la santa cuerda, hallare el milagro, el camino, la paz, la compañía que el alma busca, a veces, en vano por otros caminos…..


María Susana Ratero
susanaratero@yahoo.com.ar

NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

Comentarios