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De paseo con María Santísima....

       Cae la tarde en mi ciudad.... el sol suele esconderse rojizo en este rincón del planeta... el aire tibio y perfumado de una primavera que insiste en llegar antes de tiempo, me acaricia el rostro...mientras mis pasos me llevan hacia una pequeña plazita....
       Allí te encuentro, dibujada sobre los cerámicos amarillos... con tu niño en brazos, muchacha de Nazaret... y tu mirada me llega al alma..... puedo sentirte en el aire....en el perfume de los rosales cercanos... hueles a rosas, María, hueles a primavera...
       Me siento en un banco, estoy cansada por la larga jornada, el trabajo, los chicos, la casa, las cuentas.... los problemas de todos los días que, no por repetidos y comunes, dejan de ser problemas... te miro y te pido ayuda... espero tu sabio consejo, tal como, “Mira, Susana, haz esto o aquello, etc, etc, etc”... te miro y espero que hables a mi corazón... en lugar de eso me miras... y dulcemente murmuras a mis oídos...
-          “Ven... vamos de paseo”...
       No comprendo...de veras no comprendo... pero te sigo mirando.... y los cerámicos amarillos parecen tener luz...
-          Ven, -repites- ven conmigo a Nazaret....
-           ¿A Nazaret?
       Sí... me invitabas a Nazaret... cerré los ojos y te seguí... caminamos por varios sitios que no recuerdo... bueno, en realidad no los miraba, sólo te miraba a ti, tan dulce, tan bella, tan REAL...
       Al llegar a una pequeña aldea dijiste:
      -    Esperame aquí, volveré por t i- susurraste mientras me acomodabas tras unos árboles de especie desconocida.
-          Pero... Señora...¿adónde vas?, por favor, no me dejes sola aquí!
-          ¿Dejarte, hija querida?¿dejarte sola?, Nunca lo hice y nunca lo haré... No temas, estaré al alcance de tu vista en todo momento y, jamas lo dudes,... volveré...
       Te alejaste, majestuosa en tu sencillez, tus ropas se tornaron igual que la de las mujeres del poblado. Entraste a una pequeña casa hecha de adobe , que en nada se diferenciaba del resto, y buscaste un cántaro  de barro...( no sé porqué razón pero podía verte a través de las paredes),una cubeta de cuero y una soga lo suficientemente larga para llegar con la cubeta hasta el nivel del agua. Tomaste los enseres y te dispusiste a salir... En ese momento un joven alto, de impecable mirada y voz de campanas, que entró desde el fondo de la casa, te dijo:
      -    Madre, espera...
-          Sí hijo, dime...
-          Madre... yo... lo siento, es que... mi túnica... pues.... se ha roto por accidente...discúlpame por favor....
Le miraste con infinita ternura y respondiste:
-          No te preocupes... cambiate  y esta noche lo remendaré...
-          Es que... madre, ... debo entregar unos trabajos esta tarde... y, tú sabes...
-          Bien, me apuraré, pero ayúdame con el almuerzo, no tengo tantas manos...
       El joven asintió y desapareció tras una puerta, y tu  te encaminaste hacia el pozo ...
       Allí había muchas mujeres rodeando a una que lloraba desgarradoramente. Dejaste tu carga a un costado y te acercaste, silenciosa... la pobre mujer había perdido la única moneda que tenía para alimentar a sus hijos...
        Fuiste rápidamente  hasta tu casa y, mientras Jesús lavaba cuidadosamente sus manos para la hora de comer, tomaste un trozo de pan y poco de leche que el joven acababa de servir...
       Cuando te disponías a salir él te dijo:
      -    No cambias ¿verdad?...Ah! mi dulce madre, tan generosa y de corazón tan sensible, ¿ te dije ya cuanto te amo?
          Se te nublaron los ojos...  sabías que no podía tener secretos con él... lo amabas... lo amabas tanto.... Te despediste con una mirada que fue mas elocuente que mil palabras...
-          En el fondo de su jarro, madre...
-          ¿Qué dices?- preguntaste.
-          Dile que busque en el fondo de su jarro.... allí está la moneda....
      Nada dijiste ...él te contempló partir ...te miraba con ternura pues sabía que no era fácil vivir con él...
      Te acercaste a la mujer y le diste los alimentos y, en una muestra de confianza digna de una madre, preguntaste:
       -    Por casualidad ¿No habrá caído en el fondo de tu jarro?
        Las mujeres te miraron con incredulidad pero, como te respetaban, miraron dentro del cacharro... allí estaba la moneda... Cuando te buscaron  para comentarte ya no estabas, sino que ibas camino a casa, con el cántaro repleto de agua sobre tus frágiles hombros.

    Junto a Jesús  disfrutaste de un sencillo almuerzo...aunque entre las conversaciones a veces quedaban huecos... se extrañaba la presencia de José.
    Jesús volvió luego al taller y tú a tus tareas, debías zurcir la ropa de tu hijo enseguida, y luego lavar, pues el cielo amenazaba tormenta y los gruesos vestidos tardaban mas de un día en secarse... Además había poca leña, por lo que tendrías que ir por mas a un lugar un poco alejado, pero deberías esperar a que fueran varias mujeres, pues no estaba bien que fueses sola... Te sentaste a zurcir, te dolía la espalda y casi no veías... te acercaste a la ventana, había mejor luz...te costó trabajo terminar la tarea, pero estuvo lista justo a tiempo para la salida del hijo...


        Iba cayendo la noche... habías trabajado mucho... junto a Jesús oraste un buen rato... te daba mucha paz mirarle a los ojos....
        Llegó el momento de descansar... casi no se veía, pues había aceite para una sola lámpara...
        Tú sentías un fuerte dolor en la espalda por el peso de los trabajos y tus manos estaban callosas y ásperas.... Jesús te ayudó entonces a extender las mantas sobre el piso y se acostó,  te quitaste el velo un momento y  alisaste tu  cabello....,  te inclinaste luego sobre el lecho de tu hijo y le besaste la frente...una y otra vez... y  saliste de la casa sin hacer ruido
         Jesús, que se había despertado con tan dulce caricia, sintió como unas lágrimas caían por sus mejillas al tiempo que susurró:” Tus besos me harán mas soportables las espinas, madre querida”...

      Dejaste la casa y viniste hacia mí... tus ropas volvían a ser como las dibujadas en los cerámicos amarillos...
-          Aquí estoy, Susana...¿ves? este fue mi hogar en esta tierra...yo también tenía días duros, días en los que el tiempo y las fuerzas me jugaban malas pasadas..., días en que la rutina contrastaba con el momento magnífico de la Anunciación y yo no entendía nada...Pero Él era mi fuerza y mi apoyo, mi amigo y mi consejero, por él todo lo soportaba en silencio... Ay, mi querida ¿sabes cuanto costaba el silencio?, mi secreto me acompañaba y no sabía yo si debía hablar o no... José me decía que el momento llegaría y el secreto se transformaría en signo de esperanza... pero la rutina es dura y puede gastar los corazones mas fuertes si dejas que te absorba....Bueno, Susana, debemos volver...
  Yo te miraba con devoción, comencé a llorar...  entonces me abrazaste... me abrazaste con ternura y con fuerza... fue el abrazo mas dulce y pleno que recibí en la vida... sólo atiné a decirte...”Te amo, Señora mía, te amo tanto!!!”

     Volvimos a la plazita...cuando abrí los ojos ví que se acercaba el sacerdote con otras personas y recordé que había misa... Me quedé, pues después de tu abrazo quería también el abrazo de Jesús al recibir la Eucaristía....

      Volví a casa... mi mirada estaba... iluminada, eso, iluminada, mi rostro ya no reflejaba el cansancio.... Hoy te digo Gracias por escuchar mi oración de aquella tarde, gracias por enseñarme a ir a Nazaret a conversar contigo, de mujer a mujer... Hoy quiero contarle esta historia a una amiga mía que está un poco triste....

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      Amiga que lees estas líneas... la casa de María está abierta también para ti, no dudes en ir a ella cuando estés agobiada, cuando la rutina, el dolor o la desilusión te nublen el alma, pero ¡por favor!, tampoco olvides ir a contarle cuando tu alma esté llena de risas, de pájaros de flores... ella se alegrará  mucho, le hará bien hablar contigo...
      Lleva crema de manos...y, con la excusa de una coquetería, acariciarás las manos de la mujer que mas te ha amado en toda la historia.....
... Por cierto, llévale mis saludos..
                  María Susana Ratero
                  susanaratero@yahoo.com.ar
NOTA de la autora:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"

Comentarios

  1. Hola Susana, te felicito por tus relatos tan bellos. Que la virgen te siga iluminando para que nos llenes el corazón de luz con tus palabras.
    María Antonieta Hinojosa Manrique.

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  2. HOLA SUSANA, soy Aminta, de San Luis Potosí, México. ¡Qué bonito relato! Fíjate que acabo de asistir a un retiro que se tituló "En oración con María" diseñado por el P. Ignacio Larrañaga, y pude disfrutar en oración de esta semblanza que leo en tu blog, María, en su casita limpia y humilde, viviendo como cualquier mujer, pero entregada a Dios, sacudiéndose la rutina, la duda y el cansancio en los brazos de Dios. Que Dios amoroso nos imprima en el corazón a todas las madres esta manera de ser de su Elegida. Gracias por este momento.

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  3. Susana que maravilla, estoy muy contenta de leer todo lo bello que escribes.

    Que el Espíritu Santo te siga iluminando para que sigas escribiendo tan hermoso y que lo sigas compartiendo.

    Un abrazo.

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